jueves, 28 de marzo de 2013

Sentencia de muerte

   El hermoso joven vestía de manera informal, llevaba unas zapatillas de deporte, pantalones vaqueros y una camiseta de propaganda de una marca de cosméticos. 
-¿Realmente eres de Uruguay?, le pregunté para sacar algo de conversación.
-No, solamente que trabajé allí durante un año y por eso los colegas me dicen uruguayo. 
Entonces comprendí que todas las ideas previas que me había formado sobre el eran verdaderamente erróneas.
-De todas formas te había notado yo cierto acento.
-Es posible, ya te digo que al estar todo un año conviviendo y relacionándote con la gente algo de acento siempre se te tiene que quedar.
-Es cierto- aseveré. -Yo mismo tenía cierto acento murciano después de vivir en un pueblo durante dos años. Cuando llegué a esta ciudad todo el mundo pensaba que era murciano, algo que me desagradaba muchísimo-.
-Por cierto, ¿Por qué te conocen como el tuerto si no lo eres?, me dijo.
-No estoy seguro, pero cuando comencé a trabajar de pasante en el despacho de abogados algunos desgraciados me bautizaron con ese sobrenombre. Es posible que tuviera relación con la venta de productos financieros de riesgo, que así llamábamos a la estafa que hacíamos con algunos de nuestros clientes en aquella época, aunque no acierto a adivinarlo todavía.
-¿Y no lo preguntaste?, porque yo, en tu caso, no hubiera descansado hasta saberlo.
-Es posible- dije lacónicamente. - Pero no perdamos más el tiempo y comencemos ya la misión que se nos ha encomendado-. Teníamos que entrar en aquel lugar cerrado e inhóspito. Lo cierto es que hacía muy mala noche. Había estado lloviendo durante todo el día y el barro cubría buena parte las calles sin asfaltar de aquel lugar de la ciudad, cercano al puerto. El viento helado hacía sus estragos en nuestros cuerpos desprovistos de abrigo.
-¿Te das cuenta de que van a quedar posiblemente huellas de nuestros calzados y cuando llegue la policía tendrán pistas sobre nosotros?- dijo mi compinche "el dóberman". Nunca quise saber porque tenía ese sobrenombre. -Sí, es cierto, pero no te preocupes porque después del golpe destruiremos todas nuestras ropas, calzado incluído- 
   Había una vieja verja oxidada, en la que eran perceptibles marcas en la forja de la metralla que cayó en ese lugar durante la guerra civil. Era preciso encaramarse a ella y entrar en el recinto olvidado. - Espero que no hayas olvidado guantes- le susurré. -No te preocupes, tuerto, había pensado en eso también, aquí los tengo- y sacó de su bolsillo dos guantes de látex. -Pero esos guantes no sirven, imbécil. No te das cuenta de que se pueden romper- le dije exasperado. Pero no cabía ya rectificación. Había que hacer el trabajo que nos encargaron por correo tres días antes. Saltamos a trompicones la verja y, con ciertas dificultades llegamos a la nave central del recinto. Aparentamente parecía abandonado pero en realidad sabíamos de la existencia de vigilancia. 
   
    Debíamos apoderarnos de unas pequeñas figurillas de barro que nos habían dicho que tenían gran valor. Eran de la prehistoria o algo así. Estaban custiodadas en ese recinto, que pertenecía al museo arqueológico. Nos habían enviado unas fotos en la misiva tres días anterior. Yo solo veía unos horribles objetos, como amuletos, pintados con vivos colores. No sabía nada más de ellos, solo el lugar de su localización en un pequeño croquis que acompañaba a la carta. 
   Estábamos en un pequeño corredor lateral que se situaba entre la nave central y las laterales. Había unas pequeñas ventanas por las que íbamos a intentar penetrar.
-Dóberman- le dije- tendrás que hacer de apoyo para que pueda subir hasta ahí. Depués de entrar saltas y yo te agarro.-¿y por qué no lo hacemos al revés?- me dijo.-calla, imbécil, aquí el que manda soy yo. Si no me obedeces me puedo deshacer de ti en menos que canta un gallo. Haz lo que te digo o te dejo seco-. No volvió a articular palabra hasta que terminamos el trabajo. Sabía de mi historial de crímenes que, sin embargo, jamás me había llevado a estar entre rejas. Lo tuvo muy presente el resto de la noche.

    Conseguí abrir el pequeño ventanuco de manera muy sencilla. Era una ventana de aluminio cerrada herméticamente y sólo tuve que hacer un poco de palanca para abrirla sin romper el cristal. Parece mentira, pero la falta de seguridad suele ser constante en estas instituciones. 

lunes, 25 de marzo de 2013

Rutinas diabólicas

   Igual que Borges, que pretendía aparecer y encontrarse a sí mismo moribundo en un hotel, indicando lugar, día y hora de su fallecimiento, me encuentro en la rutina de observar a diario el mismo itinerario y verme a través del espejo del retrovisor, reflejado en los cristales del automóvil, impávido, taciturno, casi dormido, casi soñando, casi despierto en expectativa de inyectarme vía oral una dosis pequeña de cafeína, un asqueroso café de máquina en la sala de profesores. Después llegando por el frío, triste y desangelado corredor techado, feo y mugriento, accediendo al aulario, me vuelvo a ver reflejado en el cristal, todo alterado, con una irritación irrefrenable por la rutina diabólica de acceder al aula tras evidenciar los rostros huraños e impávidos de los infantes, ya no tanto, más bien niñatos malcriados que ni siquiera tienen la pequeña decencia de traer una libreta con hojas para disimular que apuntan las correcciones del profesor.
   En el aula dejo mis libros encima de la mesa central, presidiendo mi propio yo, observo en el fondo del aula una silla vacía y me imagino a mi mismo ahí sentado, observando con ojillos relucientes y ávidos de conocimiento lo que tengo que decirme, lo que tengo que instruirme, la lección del día, el período de entreguerras, el ascenso del fascismo, Mussolini, Franco, Chamberlain, Dadalier. Tomo notas, para después buscar más información en la enciclopedia Larousse que mi padre acababa de comprar a un viajante de libros y por la que nos han regalado una máquina de escribir eléctrica. Estoy ansioso por llegar a casa y librarme del acoso de otros alumnos desgraciados, de sus vejaciones por tener interés, de sus risas por mi cara ojerosa, por mis defectos, por mis cicatrices.
   Ahora estoy yo delante de todos ellos, de toda esa muchachada, infantiloide e irascible, de mi mismo y quiero castigar a todos, quiero inflingir el más duro castigo pero soy impotente, no me atrevo a castigar a la clase porque se que me estaría castigando a mi mismo. Tan solo esbozo a vuelapluma algunas palabras: copiar cien veces, disciplina, amonestación. Carezco de los arrojos para efrentarme a la muchedumbre incompetente e irrelevante. Sin embargo muestro un especial cariño por toda esa infame e informe masa, tan fácilmente manipulable por los medios de comunicación y tan poco maleable por los docentes. 

    Acierto a decir: -Pueyo, váyase usted a la puta calle-, rememorando las palabras de Baeza, mi profesor de matemáticas en aquella fría mañana de enero del 91 en Almoradí después de mi impertinente risa durante sus explicaciones.
   Entonces el grupo de chavales se queda inmóvil, se detiene en el tiempo, rompe el ruido insoportable en el que se hallaba la sombría y ridícula habitación del encerado. El silencio escalofriante se apodera del aula. El miedo más atroz al ridículo trepa hasta las entrañas del profesor. Nuevamente me veo, pero ahora me veo tal y como soy. Desde un pupitre veo mis gesticulaciones ridículas, mi rictus facial a penas esbozado, mi boca abierta sin emitir ningún sonido. Soy yo, únicamente yo frente a mi, me está hablando, me está diciendo que abandone la sala, que me vaya a la calle. Pero veo mi propio arrepentimiento, mis dudas, mi mala conciencia y esa falta de valor para expulsar a alguien de la sacrosanta institución. No me lo puedo creer pero es como si una cámara de vídeo estuviera dentro de mi cerebro observandome desde el fondo de la clase. Veo las cabezas de todos los chicos y me veo ojeroso, demacrado por mi situación, incapaz de articular palabra, con la boca abierta. De repente empiezo a hablar, mi voz es aguda y desagradable, nasal, pero es perceptible. Mis gritos son desagradables, retumban en todo el habitáculo y me crispan los nervios. Sinceramente opino que debo ser un profesor notable puesto que sin haber siquiera empezado mi discurso he dicho ya casi toda la lección, en dos frases he resumido, he condensado todo el saber humano sobre el tema de la lección. He conseguido sintetizar todo el capítulo del manual de Antonio Fernández. Aunque no soy objetivo: me estoy oyendo a mí mismo y me doy cuenta enseguida de que es esas frases está la totalidad del tema porque yo lo conozco al dedillo. Es posible que el resto del aula ni siquiera sepa todavía de que estoy hablando.
    Pasan los minutos y enciendo el proyector para escribir en la pizarra digital. Dejo la tiza encima del poyete que hay en la pizarra tradicional, en el encerado chirrioso de polvo blanco. Empiezo a anotar ideas en el moderno artilugio y veo mi imagen, mi silueta, mi enorme cabeza sobreada sobre la superficie blanca. Veo mi pelo largo y poco cuidado, mi flequillo finísimo, a punto de extinguirse. Estoy entendiendo que soy percibido doblemente por los discentes, curiosa palabra. Ahora veo con claridad que mi doble y yo estamos delante de todos. Ellos ven mi doble personalidad, la amargada y la jovial que muestro todas las mañanas al trasformarme y actuar entre bambalinas delante de todos. Y la quiero esconder, apago raudo el proyector y me siento, permanezco inmóvil mientras el estruendo de los gritos resuena en mi subsconciente, quedando ya como una persona incapaz, impotente, irrelevante a los ojos de todos. He desaparecido, ya ni siquiera yo me veo desde el fondo. No soy nada, nunca lo fuí aunque por algunos momentos llegué a creer que realizaba una labor social,, que ayudaba a la gente a ser alguien, no  como yo que no soy ni siquiera docente porque solo enseño para mi, para mi imagen reflejada en un vórtice espacio-temporal del infinito que es el mundo.

domingo, 3 de marzo de 2013

En coma

   Entrar en coma, coma profundo, debe ser una de las maneras de evitar el sufrimiento, de aplazar los sinsabores e, incluso, de buscar una salida reconfortante a la sucia y deprimente realidad en la que nos movemos en ocasiones. Puede causar un gran dolor a los seres queridos, a los más próximos y a los no tanto, pero es una forma de quitarse de enmedio durante un período lo suficientemente amplio para que los asuntos más peliagudos se hayan resuelto. Un poco la táctica Rajoy, de dejar pudrirse los asuntos, no hacer nada, para que el propio tiempo, inexorablemente, marque el nuevo momento, las nuevas condiciones de partida, las nuevas reglas sobre el tablero, partiendo de la base de que muchas partidas ya podrían haberse terminado y aclarado.  Es una tentativa más atrayente que la del suicidio por las muchas ventajas que ofrece. Este te lanza a una realidad desconocida, irreversible de todo punto, incierta para  los agnósticos y creyentes, cierta para los ateos.
   Nosotros, los agnósticos, tan solo sabemos que no sabemos lo que hay, no entendemos que pueda haber algo después de la muerte. Pero podría haberlo, nunca lo sabremos (hasta que hayamos muerto). Por eso, la mejor opción es el coma. Cuando alguien está absolutamente desesperado, está totalmente irritado e incomprendido, cuando se siente solo rodeado de muchos amigos, cuando no sabe como afrontar los problemas que todo esto le causa día a día y cuando ve un país en el que vive que es un desastre sin salida a priori, es mejor quitarse de enmedio pero dejar una ventana abierta al regreso, quien sabe si por la puerta triunfal, para poder ver un futuro mejor. 

   Porque, veamos: cuando una persona hace todo lo que está en su mano para que las cosas salgan bien, cuando intenta cambiar su mundo y la realidad y cuando, después de haber luchado incansablemente por sus intereses y los de los que más quiere,  observa que los resultados son inícuos, irrelevantes, que todo esta todavía por hacer, que ha clamado en el desierto de la icomprensión, se encuentra en ocasiones sin salida, escuálido tras luchar por todo lo que pensaba que era lo correcto: la educación, la sociedad, el mundo, el amor, la familia, los amigos, todo lo humamente abarcable.
   Dios me libre (siendo agnóstico) de querer entrar en coma, pero no cabe duda de que es un buen punto de vista, como en la película El Dormilón, de Woody Allen, despertar tras una balsámica crionización en otra sociedad, en otra época en la que habría que seguir luchando, pero en la que se partiría de cero, amén del descanso producto de ese retiro tras el desfallecimiento total producto de una lucha sin igual. Se podría haber hecho más, pero no se podía hacer menos.

viernes, 18 de enero de 2013

Viendo matar un ruiseñor

    Viendo un vídeo de la banda sonora de Matar a un ruiseñor he sentido de nuevo la vida, he sentido, tras erizarse toda mi piel, que merece la pena vivir, que la vida es hermosa y que existe esperanza. El ser humano puede ser el más bello de los seres viendo a Atticus al lado de Tom, el negro injustamente acusado de violación. Las lágrimas inundan mis ojos tan solo al recordar pasajes de la película, rememoro por un instante los títulos de crédito y la banda sonora, ese pueblo de la américa profunda en los años 60, la américa sureña, los niños jugando en el cálido verano y asustándose del personaje misterioso que vive en la casa de al lado, ese odio racial, el blanco y negro espléndido y ese personaje extraordinario que interpreta Gregory Peck, quizás su mejor interpretación. La película ofrece múltiples sensaciones y las más dulces y placenteras de ellas son la verdad, la justicia, la reconciliación, la libertad...ahí es nada. El condado de Maycomb, Alabama, lugar de intensidad penetrante, personajes muy bien dibujados. Extraordinaria obra de arte. Obras así, y lo más importante, su recuerdo, te enseñan a reconciliarte con ese ser huraño y despiadado llamado hombre.

domingo, 6 de enero de 2013

El futuro no existe, pero acaso lo podemos intuir

 El futuro es un ente espacio-temporal del que podemos hablar, que podemos intuir levemente o gravemente, según nuestro nivel de conocimientos del pasado, ya que el futuro, que no existe como entidad real, tangible, se puede aprehender si conocemos lo que ha sucedido en un lugar determinado, que nos puede atañer o no. 

   Por tanto, no existiendo, es decir, no siendo una situación que haya sucedido todavía, puede llegar a ocurrir. Entonces decimos que el futuro puede llegar a existir. No es nada y lo es todo. 
    Es ciertamente un enigma escuchar a individuos que creen que pueden saber con exactitud lo que va a pasar a un país, a una región, una pequeña comunidad e incluso a una persona. Y es enigmático porque "el futuro" no existe todavía y desde que aceptamos la revolución científica, Newton y que lo importante es aquello que se ve, la naturaleza, lo visible, la razón frente a la superstición, nos cuesta un gran trabajo, al menos a las personas razonables, que utilizamos la razón, aceptar como quien no quiere la cosa que esto pueda ser cierto.
   Pero cada noche, desde que se han puesto de moda los gabinetes de futurólogos en televisión, los insomnes nos asomamos, acaso por un cierto afán de marujeo, a algunas de estas mesas camilla donde las personas, ávidas de saber lo que les va a pasar la mañana siguiente, es decir, de saber lo que ya saben en muchos casos. Y lo que observamos ( baste decir que seguimos aplicando el método científico) nos resulta muy llamativo. Hay un tipo con melenas largas, moreno, cejijunto que se pasa un buen rato quemando incienso y diciendo números completos de la lotería a los incautos telefonistas noctámbulos. Otro es capaz de quitar el mal de ojo colocando unas tijeras abiertas sobre un cuenco con agua y sal, se hace llamar "maestro" ( desconozco si enseña algo instructivo). 
    También los hay que echan las cartas y, llamativamente, apenas si las miran para hacer un retrato quasi psicológico de la persona que llama. Muchos de estos hacen tales preguntas que llevan implícitas unas respuestas que luego se vanaglorian de haber descubierto. ¡¡¡Oh, magos, queridos magos, los magos de oriente quizás, que llevaron al Niño-Dios incienso, oro y mirra!!!. 
    La estrella que vieron estos magos de hace 2000 años era el cometa Halley. Ellos no lo sabían pero la ciencia lo ha descubierto. Finalmente podemos afirmar que el conociemiento científico es capaz de saber si el futuro predicho por los magos era verdadero y de que tipo de conocimiento se trataba. Es, por tanto, proactivo y predictivo. Con la ciencia podemos saber el futuro. Por tanto apliquemos la razón, y una cosa poco común que se llama "sentido común" y sabremos, o al menos, podremos intuir aquello que puede pasar.

jueves, 3 de enero de 2013

Hastío

   Navidad, período del calendario vacacional, nacimiento del Cristo redentor, pesebre y arbolito en casa, rutina y obsolescencia,  vacaciones. Repetición de tópicos. Hastío, cansancio acumulado, ganas de no vivir, belenes odiosos pululando por las ciudades, plaza de la catedral, glorieta. La navidad ha sido siempre una época de alegrías infantiles y odios adultos. Siempre nos recuerda algún acontecimiento funesto que se produjo en estas fechas. La muerte de mi abuela, mi única y querida abuela. Mi abuelita paquita. 
   Pero, al margen de recuerdos amargos, surge siempre esa misantropía patológica, ese odio a todo lo que está colgado de las fachadas, atravesando las calles y avenidas comerciales, las luces mágicas de la navidad. El mercado navideño, lugar esplendoroso si uno vive en Madrid por estos días, pero triste y aburrido si el lugar es una pequeña y horrible ciudad sin personalidad más allá de un conjunto repetitivo de árboles tropicales. Todo esto es para mi la Navidad, con mayúsculas. Los buenos momentos, las comilonas, el engorde masivo de la especie, las fiestas hasta el alba o casi, los días tirado en un sofá y el cine, siempre el cine, pero un cine chabacano, pueril, repetitivo hasta el hastío. Siempre el duro Hastío.

lunes, 31 de diciembre de 2012

Los infortunios de Pertinax Daponte ( I )

LA INFANCIA
                                                                     
-I-


   Era nuestro protagonista un personaje peculiar: de pequeño sus padres habían decidido, no sin muchos meses de disputas conyugales, endosarle el curioso nombre de Pertinax. El padre, profesor de historia apartado de su cargo por acumulación de expedientes sancionadores prefería Cesar Augusto, la madre, pintora frustrada, vendedora ambulante de manualidades en un mercadillo dominical y ama de casa forzosa por la crisis del petróleo, quería Giorgio, por su gran admirado Chirico, el italiano surrealista. Baste decir que ambos eran españoles, los dos de origen italiano. La familia del padre procedía de una vieja estirpe de catedráticos de economía aunque indagando en sus orígenes sus antepasados procedían de catania, la bella ciudad siciliana. El  abuelo de ella, de origen argentino, también procedía de la isla del Etna. Se rumorea que alguno de sus antepasados más lejanos habían acabado presos en una isla del mediterráneo y que después, por orden de Carlos III, había poblado un pequeño islote frente a las costas levantinas. Se apellidaba Follana. Era nuestro héroe así llamado Pertinax Daponte Follana . El origen de tan peculiar nombre se debió finalmente al azar. Como sus progenitores no se ponían de acuerdo, decidieron echarlo a suertes. Finalmente decidiron un sorteo puro entre todos los emperadores, desde Augusto a Rómulo Augústulo. Utilizaron un sofisticado sistema llenando de bolas un bombo y el resultado fue el que ya sabemos.
   Comenzaba para Pertinax su primer y principal infortunio en la juventud de su vida, tener por nombre el de un emperador romano inútil, que apenas duró unos días en el cargo y que no se distinguió por nada en absoluto. Por si este hecho no fuera suficiente, habría de ser en el futuro pasto de las sornas y burlas de sus compañeros de la primera y segunda enseñanzas. Ya sabemos el significado obtuso y cambiante en forma de mofa que suelen hacer los infantes con el solo objeto de humillar y reirse del más desvalido.  Eso que se conoce en los tiempo modernos con el anglicismo de mobbing y que sufríamos muchos en nuestro primer periplo escolar sin darle apenas importancia. Utilizaban también su apellido con sornas como " Perti puente", " el mal follao" y otras bromas por el estilo. Su nombre marcaría su trayectoria vital porque, como sabemos, uno es en primer lugar su propio nombre ya que no podemos discurrir por la existencia sin tener, como mínimo, una nomenclatura. Es lo único necesario para ser humano, al margen de todo el bagaje que pueda un niño ir adquiriendo con esa cosa tan denostada llamada educación.
    Uno de sus primeros recuerdos humillantes transcurrió siendo verdaderamente joven, apenas contando con unos 3 años de edad. En la calle en la que jugaba al balón con otros chavales. Apareció mezclándose en estos juegos un niño travieso, algo obeso. En principio Pertinax no le dió ninguna importancia y éste comenzó a jugar con el resto. No era un chaval del barrio, pertenecía a otro lugar del microcosmos infantil que es un pequeño pueblo de provincias. Un día apareció el susodicho con unas cañas extraídas de una azarbe cercana o quizás de una era próxima ( hay que tener en cuenta que el pueblo en cuestión era muy pequeño, apenas unos 8.000 habitantes). Debía de ser entorno al mediodía, faltaba poco para la hora de la comida. La madre del protagonista ya tenía el puchero en la mesa. Atrayéndo a Pertinax a un portal contiguo al de su piso empezó con el llamado "juego de los médicos".  Nuestro héroe era el paciente, como se puede suponer. El chico gordo era el doctor y tenía que hacer un tracto rectal.  Introdujo las  cañas por el recto y después salió corriendo. Pocos segundos después Pertinax era descubierto con los pantalones bajados, llenos de sangre y llorando desconsoladamente. No tardó su madre en encontrar a la  madre del individuo obeso. Al final todo quedaría en una reprimenda y la típica excusa de "son cosas de niños". Pero esa situación quedaría indeleble en su memoria y supondría una humillación de la que más adelante guardaría consecuencias poco agradables. 
   El otro recuerdo no demasiado agradable se produjo cuando su madre lo llevaba un día a la guardería. Ese día la señorita, es decir, la encargada de cuidar de los niños, advirtió a su madre de una posible enfermedad de Pertinax. Señora, dijo, su hijo, que es muy inquieto y está todos los días de arriba para abajo, hoy no se ha movido de su asiento. Y era cierto. La razón no era otra que una defecación incontrolada del nene. Por pudor, estuvo toda la mañana pegado a su pequeño pupitre. Después, de regreso al hogar, reconoció su culpa, aunque la madre no le dió apenas importancia y se echó a reir en casa, el quedó humillado para siempre, o al menos durante unos días. Quedaba así, desde la más tierna infancia unido a la escatología, no porque entendiera de asuntos filosóficos, sino por los problemas que salva sea la parte le reportarían ya de adulto. Que nadie espere que en esta biografía vaya a aparecer más adelante, en la primavera de su vida, relaciones coprófagas o algo por el estilo.

viernes, 28 de diciembre de 2012

Alicante: genocidio patrimonial

 Acabo de enterarme de la demolición a traición del último de los tinglados decimonónicos de la estación de Madrid. En pleno celebrado meses atrás el equipo de gobierno del ayuntamiento de Alicante aseguró, juró y perjuró que ese edificio sería salvo de la piqueta del AVE. Ilusos los que creímos una más de sus mentiras. Una ciudad que no respeta su patrimonio arquitectónico, por muy reciente que este sea, es una ciudad que no merece mi respeto. Por encima de todo, mi desprecio a los políticos, esa señora imputada por delincuente que se encuentra en el sillón de la alcaldía, la más votada en la historia democrática de la  ciudad, esa señora gallega de origen que ha demostrado una vez más que no quiere a su ciudad, que no quiere a su pueblo, ese pueblo que le ha dado todo, hasta llegar a lo más alto a lo que podía aspirar una socióloga que no ha ejercido nunca más allá de las faldas y siglas de un partido político. 
    El responsable de la demolición de la histórica edificación es ADIF. Son así de cobardes, así de mentirosos, necesitan unas siglas donde esconder su trapacería e incompetencia. Detrás de esas siglas ferroviarias se esconde un negocio ruinososo para todos los alicantinos y para el resto de españoles. El AVE como excusa para derruir lo poco de valor que quedaba aquí. Estamos ante la estación ferroviaria más antigua de España. Pero eso les da igual, todo les da igual. Dentro de unos meses llegará a la ciudad un tren-bala que enlazará la ciudad con Madrid en apenas dos horas y media. Para ello ha hecho falta una inversión brutal que jamás se recuperará. Un tren para ricos, para ejecutivos agresivos, no para la gente. 
   El proyecto de la estación hemos de concluir que terminará con su completa demolición y la pérdida para los alicantinos de un emblema histórico, de mediados del siglo XIX. Algo que en otras ciudades sería imposible ( imaginemos, por ejemplo, Valencia, con su majestuosa estación modernista) será posible en esta ciudad que nunca se ha respetado a sí misma, donde se han concedido licencias de obra para hacer edificios extravagantes en pleno casco antiguo, que por otro lado tampoco se conserva por las autoridades públicas. Ahí tenemos el palacio Marbeuf, medio derruído, palacetes tras San Nicolás en total abandono y aberraciones por venir en la histórica calle Labradores, con la excusa de ampliar un centro cultural. Vergüenza de sentirme alicantino, vergüenza de Alicante y vergüenza de Castedo y compañía.


referencias a consultar: 



Imagen del blog Alicante 1850.

Insomnio

   Insomnio crónico, insomnio primario, despertar prematuro, mala higiene del sueño, pastillas para dormir, no para soñar. Cuando el insomnio se cronifica y el paciente se convierte en un drogadicto, con una grave adicción a las benzodiacepinas necesita un tratamiento psiquiátrico adecuado. Cuando llegas a una consulta psiquiátrica, el doctor te cambia la medicación, te consuela con la triste metáfora del paciente diabético que tiene que medicarse toda su vida, inyectarse insulina en vena, en este caso inyectarse lormetazepam, lorazepam y otros psicotrópicos. O quizás sea un  consuelo propio el creer que fue el médico el que hizo ese paralelismo. Llega un momento de desesperación que conduce irremediablemente a la depresión profunda y entonces llega una nueva medicación para evitarla. 
   Pero entonces: ¡¡magia!!, ha aparecido un nuevo fármaco milagroso: antidepresivo e inductor de la melatonina, la hormona que regula el ciclo del sueño. Milagro hecho, pero pronta desesperanza porque todo continúa igual.
     No sabemos a ciencia cierta si la dificultad para dormir se hereda, si está en los genes. Suelen suceder   visiones infantiles del padre transnochador, lector incansable, cinéfilo empedernido hasta altas horas de la madrugada, capaz de dormir las horas necesarias para acudir a su puesto institucional. Quizás esa visión puede crear patrones  por comparación y acentuar en el infante el acto de transnochar, inconscientemente. Si a eso añadimos unos padres permisivios que no enseñan al niño a dormir, los ingredientes están dentro de la coctelera. Estamos creando un ser noctámbulo como patrón de conducta,lo que se conoce como un transnochador, un búho. Pero vamos a dejar de criticar a la figura paterna para explicar los errores propios.
    Hay personas que han nacido para ser un insomnes, con la pastillita todas las noches. Al menos les queda la esperanza y la gran suerte de no haber llegado a una invalidez, agradezco a las pastillas, benditas pastillas, el tener una lucidez diurna suficientemente amplia como para poder acudir al trabajo, ayudado a primera hora por un café corto, droga sobre droga. 
   Pero, ¿es que no somos todos acaso unos drogadictos?. ¿No tomamos drogas, sustancias conservantes, antibióticos, fertilizantes y todo tipo de productos en todo aquello que comemos?.  El consuelo del tonto seguramente.
    Si, yo he experimentado con drogas, lo puedo decir claro y alto, pero con drogas recetadas por un titulado universitario, llamado doctor. Mi imposibilidad para dejarlas me convierte en paciente crónico, uno más, dentro de este mundo de crónicos y enfermos mentales que somos todos los habitantes del mundo desarrollado. 
   La higiene del sueño quizás sea mi lado más sucio. Yo que siempre he cuidado al máximo la higiene corporal, resulta que soy un guarro con el sueño.  No tengo una buena higiene mental. Una vez, un insigne médico me dijo que sólo los criminales o los ladrones tenían problemas con el sueño. De momento no he llegado a ese estado, no lo descarto si siguen bajando nuestro sueldo. 
    ¿En qué consiste esa higiene?, pues en ser un buen chico, y volver a ser un niño, tener una madre que te diga: !!a la cama¡¡. Y que te duermas como un lirón a unas horas determinadas, que desconectes. 
     Desconectar, mi gran problema. Una vez otro médico ínclito me dijo que mi problema era la desconexión. No soy capaz de dejar la mente descansar y no soy capaz de hacer "click", como apretar un botón, y apagar la luz. Mi luz sigue encendida si no es apagada por alguien ya que yo no soy capaz. Ese mismo científico me recetó una medicación que me proporcionaba 8 horas seguidas de sueño. Y cuando un drogadicto encuentra una tabla de salvación se aferra a ella. 

   Quizás debería de intentar y reintentar hasta el momento que duerma para siempre y recupere todo el sueño perdido ser más limpio en lo que se refiere al sueño, melatonina incluída, y pueda deshacerme de esa adicción. Pero lo peor que me puede pasar, como bien me comentó un ilustre doctor, es caer en el desánimo, angustia, ansiedad. Me contaba que siempre sería mejor  vivir, disfrutar de la vida, y sobre todo,   dormir de forma artificial que no dormir absolutamente nada.  Es peor pasar una noche en vela que dormir unas horas de manera artificial o con ayuda de algún tipo.

   No me pienso derrumbar, agradezco el poder dormir esas X horas que me mantienen lúcido por el día. Que me mantienen vivo hasta el último estertor. Quizás algún día pueda dormir sin medicación, sin drogarme, como me aseguró una eminente psicoterapeuta, que tantos éxitos alcanzó en mi peor etapa de ansiedad, 63 kilos testigos de ella, que me ayudó a volver a comer, a aprender a comer. Ella me aseguró en una ocasión que llegaría un día en el que también aprendería de nuevo a dormir, que se acabaría esa pesadilla que dura ya varios lustros. 
   Y sin embargo encuentro algo irresistiblemente adictivo en no dormir, la noche me atrapa y me envuelve, necesito recuperar después las horas que he perdido en mis disquisiciones quijotescas. La locura acecha pero, ¿quíen no está loco?.
 
 

miércoles, 19 de diciembre de 2012

Evaluaciones

  Esperando para entrar a una evaluación. ¿evaluación de qué?. ¿Tiene sentido en la escuela del siglo XXI, en la escuela de las TIC's, en la escuela de los cañones de proyección, ordenadores portátiles individualizados y pizarras digitales evaluar un pedazo de papel escrito a la manera del siglo XIX, es decir, con tinta embolsada en un artilugio llamado bolígrafo?.  Ante la patente realidad que nos dice que ya no se podría dar una clase normal, por las contínuas "disrupciones" puberales, es decir, por que habría siempre en las aulas un nutrido grupo de infantes que no querrían ejercer su derecho a la educación y, por tanto, molestarían a profesor y compañeros ávidos de aprendizajes, la casta de los "psicopedagogos" llegó  a una conclusión curiosa: evaluemos el comportamiento, la actitud de los niños. 
    Algo que se había dado por supuesto en la escuela tradicional, que el alumno estaba allí para aprender, que callaría para escuchar a su maestro y absorber todo tipo de contenidos teóricos. Esta tesis preestablecida se había venido abajo de forma estrepitosa. Y como no se podría hacer nada para remediar este problema, inventaron la evaluación actitudinal. Con objeto de complementar este rompecabezas en el que se convertía el proceso de evaluación pusieron sobre la mesa el concepto de la evaluación procedimental que no era otra cosa que el trabajo que el alumno hace en casa y su libreta de clase. Toma castaña: habían inventado la dinamita.  
   Y en eso seguimos actualmente en la escuela 2.0 o algo así. Tenemos que evaluar las actitudes y los procedimientos. Cierto es que no debemos olvidarnos de evaluar los conceptos, es decir, los contenidos, la teoría, lo que se debería asimilar, lo que se debería aprender: las tablas de multiplicar, la célula o la Revolución Industrial, pero según esa tribu de psicólogos en manos de los cuales cayó impunemente por deseo expreso de la clase política la educación, debíamos quitarle peso a los conocimientos y valorar cada vez más los otros dos apartados. 
   Ya no tiene sentido examinar. Ese precioso y preciso verbo carece de sentido en la segunda enseñanza española. Es mejor valorar la actitud y el trabajo. No obstante, eventualemente, se pude seguir haciendo un examen teórico del contenido de la materia en cuestión para constatar la nulidad de conocimientos que no albergan esas infantiles cabecitas. Pero solo a la manera de un test, de una encuesta de situación. No contentos con este disparate, la pandilla de psicopedagogos vuelve a lucirse con otro invento genial, del doctor Franz de Copenhague: la evaluación por competencias.
    Se supone que debemos valorar, evaluar digamos, si un discente ha sido capaz de demostrar que es competente, que sabe aplicar al día a día, una competencia determinada: la competencia matemática, la competencia social, la competencia lingüística, la competencia en nuevas tecnologías, etc. En definitiva lo importante no es saber algo, sino demostrar que se sabe aplicar ese conocimiento a la vida cotidiana. Y yo me pregunto: ¿cómo se puede aplicar a la vida cotidiana la constatación de que la célula possee en su interior lisosomas, vacuolas o mitocondrias?. ¿cómo evaluamos que alguien ha sabido utilizar una herramienta tan difusa como la coronación del emperador Carlos V?. Pues malamente, que diría aquel. 
    En definitiva todo este trajín de cambios, de neologismos, de palabras vacías, huecas no ha servido para mejorar nuestra escuela, en la que nosotros tan bien aprendimos a disfrutar viendo una diapositiva del divino Rafael Sanzio, a manejar el microscopio y observar patidifusos que en un pequeño charco del patio había cientos de bacterias. Se trata de eso, de disfrutar, algo que estos individuos han tratado de extirpar de la escuela: disfrutar aprendiendo. Y los exámenes, como toda la vida.
   

lunes, 17 de diciembre de 2012

La primavera de Praga

   La primavera de Praga es un opúsculo escrito por Miguel Delibes en el año 1968. En realidad se trata de varios artículos que luego publicaría como corresponsal de la revista Triunfo, avanzadilla de los sectores progresistas dentro de España, aprovechando un viaje al que había sido invitado para conferenciar sobre la literatura hispana en la universidad praguense. Va a ser, por tanto, testigo directo de la revolución democrática de mayo. El autor defiende la tesis de una conciliación del socialismo con la democracia, tildando de falsas a aquellas que utilizan algún adjetivo, ya sea popular u orgánica, en clara referencia al régimen español.  No era consciente aún de lo que iba a suceder pocos meses después, la invasión soviética de Checoslovaquia y la aniquilación de la oposición y la revolución democrática. De hecho se vió obligado a redactar un prefacio con referencia a este luctuosos suceso cuando publicó todos los testimonios en su compilación definitiva.
   Resulta interesante como testimonio histórico y como argumento de actualidad. En el primer caso, es excepcional la descripción de Praga y del sistema político al que se encaminaba Checoslovaquia, en una transición que ansiaba para su país. Se trataba de una humanización del comunismo, haciendo compatibles las conquistas sociales con una apertura en cuanto a la libertad de expresión, aparición de nuevos partidos opositores, etc. Parte de una enumeración de los logros y lacras del régimen comunista. algunos de esos logros eran una educación gratuita y universal o la mejora en la situación de la mujer y su equiparación en derechos y libertades con el hombre.
 Entre los elementos negativos del régimen se encontrarían su incapacidad para desarrollar una economía mixta en la que el capital privado permitiese un auténtico desarrollo económico. También reseña las malas comunicaciones, fundamentalmente viarias, del país. Y lo más interesante: su experiencia anecdótica con un dolor de muelas que refleja la incapacidad de un sistema esclerotizado y anacrónico para solucionar los problemas de una sociedad moderna. La escesiva dependencia del sector público y el abrumador peso de la burocracia conllevan. según el autor, una deshumanización acompañada de una ineficiencia patente. 
   En cuanto a la segunda tesis. resulta tremendamente actual su visión de la Checoslovaquia de aquel esperanzador mayo del 68. Su descripción de la enseñanza Checa y su firme apuesta por una educación laica ( que no atea), pública y universal, que sea motor del progreso y ascenso de las clases menos favorecidas.  Si bien es cierto que el sistema socialista pecaba de excesivo adoctrinamiento cierto es que los movimientos estudiantiles lo ponían de relieve y apostaban por la corrección del sistema hacia unos postulados netamente democráticos. 
    Es este el mensaje más esperanzador de la obra, la posibilidad de mantener esa educación gratuita y universal, no adoctrinadora, motor de ascenso social en un régimen absolutamente democrático.  Y es aplicable al mundo actual 44 años después de la "epopeya Checa", es más necesario que nunca mantener esos logros para evitar un retroceso que nos llevaría a las décadas previas a aquella esperanzadora Primavera de Praga.

jueves, 13 de diciembre de 2012

La buena educación

   Tradicionalmente se entendía como persona bien educada aquella que nos daba los buenos días, la que cedía el asiento del autobús a una mujer embarazda o a un anciano o ese individuo que nos ofrecía una sonrisa cada vez que nos cruzábamos con el. Otra vertiente del concepto afirmaba que el bien educado era aquel que en una comida esperaba a que todos estuvieran en la mesa para comenzar a desgustar los platos o cuando, en el mismo acto, solicitábamos que nos pusieran agua en el vaso en vez de que nos echaran agua. También las formas eran importantes, el tono de voz era fundamental, un tono suave, pausado, lejos de estridentes alaridos. A todo esto y a algunas cosas más que no vienen al caso se le llamaba educación.
    Como la sociedad tiende a evolucionar, no siempre por fortuna de manera positiva, hemos podido comprobar como "manca finezza". La educación ha dejado de significar todo eso. Podemos pensar incluso que una persona es extremadamente educada, equiparándolo a poseer un extraordinario curriculum, una formación prodigiosa a nivel intelectual obviando su forma de comportarse en la cotidianidad e incluso en el trato con los demás. Esta sería una versión de la buena educación contemporánea. Una persona es educada como sinónimo de formada, cultivada e incluso inteligente. Desde este punto de vista contemporáneo es probable que pensemos que la gran mayoría de la sociedad e incluso nuestros alumnos sean unos completos maleducados. 
   Y aquí viene quizás lo más triste del modelo social al que hemos sido conducidos. Los adolescentes de hoy son maleducados en el antiguo concepto y en el, digamos, contemporáneo. En su gran mayoría detestan los conocimientos humanísticos a la vez que son desconsiderados, histriónicos, escasamente solidarios. Y esta reflexión conlleva naturalmente una injusticia de base: no podemos generalizar, no todos los jóvenes son iguales, hay extraordinarios chavales que colaboran en organizaciones de ayuda social, que ofrecen diariamente una extraordinaria sonrisa y un estupendo buenos días. Faltaría más, añade el que suscribe. Es este un tema que me irrita sobremanera: no poder generalizar cuando sabemos que la mayor parte de un colectivo se comporta de una manera detestable, volvemos a lo políticamente correcto. Pues no, desgraciadamente no es así. Extrapolando a toda la sociedad, se han perdido las formas, las buenas maneras y, desgraciadamente, se han despreciado desde los propios ámbitos docentes el esfuerzo en el estudio, el aprendizaje  memorístico e incluso la recepción de conocimientos, el propio papel tradicional del profesor. 
    El papel del docente, la renuncia a luchar, a seguir luchando es algo que se percibe a diario en nuestros institutos de enseñanza media, que antes ese nombre tenían. Es penoso comprobar la falta de interés y motivación del profesorado e incluso la corrupción moral de muchos de ellos. Me resulta sorprendente que una maestra de literatura jamás haya leído a Borges. Es algo que podría ser comprensible en una docente joven, recién salida de la facultad, pero no en una profesora cercana a la cincuentena.   Ejemplos del deterioro de la docencia: la falta de ambición, el contagio de esa generalización del desprecio por la cultura y el saber.  También me resulta llamativo que una profesora de historia acepte que el rey de España o su familia sean corruptos porque todas las monarquías lo son y esta nos ha traído un avance de 50 años. Cosas como estas son las que imposibilitan una regeneración social.

  Y es quizás este el aspecto más decepcionante del asunto. Que la parte de la sociedad que supuestamente debe formar, educar, enseñar haya renunciado a hacerlo.

miércoles, 12 de diciembre de 2012

Origen

  Oníricas facciones, bellos momentos, serios inconvenientes, admirables enseñanzas, capiteles osiríacos, hatóricos de sensuales arquitecturas,  preciosistas columnas ofídicas, tiempo fasciculado en porciones libertinas, luz desfragmentada accediendo por arcos tumidos, quizás angrelados. Intrusión, penetración virginal, arco triunfal festoneado, bello sexo reprimido y después liberado, atracción vaginal por el origen del mundo, Courbet descarnado, arco  catenario lenguado, lóbulos libados de pasión, relamiendo el dulce manjar de la vida, de la creación suprema,  lamiendo y relamiendo la exudación que se desliza por la dermis blanquecina, casi lívida, sensual construcción carnal y descarnada. Derrumbe de tabúes adormecidos, abocinados orificios, ciegos acaso, conopiales glúteos, sublime manzana prohibida, cúpula  avenerada, apasionados momentos de  libertad....

lunes, 10 de diciembre de 2012

Mierda de Sabadell

   No entra en mi ánimo con estas palabras insultar a la ¿bella?, por desconocida por mí, ciudad barcelonesa. Me refiero con este título al banco susodicho. Y es que por arte de birlibirloque, sin comerlo ni beberlo, sin petición del respetable, me ha sido endosado como depositario de mis inexistentes ahorros, para precisar mejor, de mis futuros ingresos, pues todo lo que gane "con el sudor de mi frente" será inyectado en ese lugar etéreo del espacio-tiempo marcado con un montón de dígitos.
    Por tanto, sin que nadie me haya consultado, tengo ahora mis deudas en el Banco de Sabadell. Es un caso digno de estudio. Veamos el caso: una persona posee una riqueza, llamémosla "x". Esta persona le deja en depósito su dinero a otra persona (en este caso es jurídica, ya que los banqueros medievales hace muchos años que fueron asesinados por los reyes a los que prestaban su dinero). Y esa persona, de la noche a la mañana, se troca, se convierte, para que nos entendamos, en otra persona. ¿A qué parece una situación jocosa, quasi mágica?. Es como si pudiésemos subir a la máquina del tiempo de Welles y aparecer en 1550 y Anton Függer siguiese dándonos la murga, siendo ahora monarcas de un imperio en el que "no se pondría el sol" pero siguiéramos debiendo millones de florines ( ahora serían euros).
    Pero no llegamos a tanto en este país de pandereta en que se han convertido "las Españas". (Nótese que utilizo "Españas" porque en singular es un concepto inexistente de todo punto hoy por hoy). Por desgracia la persona que posee mis futuros ingresos ( queda mejor eso que no decir " mi jodida deuda") ahora es "Sabadell". Quedémonos con ese topónimo. Dejémoslo ahí. Apartemos "Sabadell". Sólo remarcar que bajo esta denominación se ocultan un grupo de personas encabezadas por un tal Montes, apellido de rancio abolengo catalán, como se puede comprobar fácilmente. Pero no es esa la cuestión fundamental.
    Lo que más me joroba de todo es que tenga que ir por necesidad imperiosa a hacer unas compras rutinarias, algo de pan, frutos secos, jamón ( no soy mahometano ni adoro a Yaveh, lo reconozco), queso, la dieta básica del "pagés" alicantino, si es que esa rara-avis existe efectivamente y que todos y cada uno de los cajeros estén bloqueados. Y no pueda disponer del escaso efectivo que mis maltrechas cuentas dejan mensualmente tras el expolio hipotacario rutinario. Podía haber ido directamente a la tienda de comestibles y pagar con moneda de plástico, algo que los fugger no podían ni imaginar y seguramente tampoco H.G. Welles, pero no me daba la real gana o mis santas narices.  
    Y lo peor de todo no es este pequeño caso, insignificante, de tozudez casi "martínezsoriana" ( Don erre que erre, icónica película del post-franquismo). Sino que los señores que habitan la sede social de ese banco hayan recibido aproximadamente 10.000 millones de euros de todos los españoles, es decir, los que pagamos impuestos, que hayan comprado la CAM alicantina por la estratosférica suma de "1" euro, y que no tengan los expendedores de billetes en funcionamiento en todo el santo día. Ya les vale, que diría un paisano. O mejor: A la mierda¡¡¡, citando al genial  Fernán-Gómez.

Reflexiones desde el corredor

   Nuevamente me encuentro en el corredor. El pasillo de la vida, de la juventud, del futuro impregnado de apatía, pero futuro ilusionante a pesar de todo. Los infantes acceden al camino desde sus aulas, provocan ese parto doloroso para que se les abra la puerta a otra realidad, una realidad callada, de chisteos constantes, de burlas pueriles, de ambiciones rotas. El profesor manda callar pero nada consigue, todo lo más que impere durante unos breves instantes un ruidoso silencio que pronto se transmutará en callado rumor, música de los beatles mediante. 
   "Let it be" xilofonado desde el compartimento de música. Sonidos que invitan al recogimiento y la reflexión. Niños tirados en el suelo, cual hinchados y desnutridos infantes. Caras dubitativas, ¿cuál es el futuro?. Como decía la canción "la madre María viene hacia mi". Pero, ¿hacia quién?. Cualquiera de esos pequeños y no tan pequeños seres que deambulan buscando desalojar sus vejigas.
   Está ya a punto de sonar la sirena y prestos para escapar como si de un incendio se tratase, para acceder raudamente a otro habitáculo del saber compartimentado que es el corredor del instituto.