No entra en mi ánimo con estas palabras insultar a la ¿bella?, por desconocida por mí, ciudad barcelonesa. Me refiero con este título al banco susodicho. Y es que por arte de birlibirloque, sin comerlo ni beberlo, sin petición del respetable, me ha sido endosado como depositario de mis inexistentes ahorros, para precisar mejor, de mis futuros ingresos, pues todo lo que gane "con el sudor de mi frente" será inyectado en ese lugar etéreo del espacio-tiempo marcado con un montón de dígitos.
Por tanto, sin que nadie me haya consultado, tengo ahora mis deudas en el Banco de Sabadell. Es un caso digno de estudio. Veamos el caso: una persona posee una riqueza, llamémosla "x". Esta persona le deja en depósito su dinero a otra persona (en este caso es jurídica, ya que los banqueros medievales hace muchos años que fueron asesinados por los reyes a los que prestaban su dinero). Y esa persona, de la noche a la mañana, se troca, se convierte, para que nos entendamos, en otra persona. ¿A qué parece una situación jocosa, quasi mágica?. Es como si pudiésemos subir a la máquina del tiempo de Welles y aparecer en 1550 y Anton Függer siguiese dándonos la murga, siendo ahora monarcas de un imperio en el que "no se pondría el sol" pero siguiéramos debiendo millones de florines ( ahora serían euros).
Pero no llegamos a tanto en este país de pandereta en que se han convertido "las Españas". (Nótese que utilizo "Españas" porque en singular es un concepto inexistente de todo punto hoy por hoy). Por desgracia la persona que posee mis futuros ingresos ( queda mejor eso que no decir " mi jodida deuda") ahora es "Sabadell". Quedémonos con ese topónimo. Dejémoslo ahí. Apartemos "Sabadell". Sólo remarcar que bajo esta denominación se ocultan un grupo de personas encabezadas por un tal Montes, apellido de rancio abolengo catalán, como se puede comprobar fácilmente. Pero no es esa la cuestión fundamental.
Lo que más me joroba de todo es que tenga que ir por necesidad imperiosa a hacer unas compras rutinarias, algo de pan, frutos secos, jamón ( no soy mahometano ni adoro a Yaveh, lo reconozco), queso, la dieta básica del "pagés" alicantino, si es que esa rara-avis existe efectivamente y que todos y cada uno de los cajeros estén bloqueados. Y no pueda disponer del escaso efectivo que mis maltrechas cuentas dejan mensualmente tras el expolio hipotacario rutinario. Podía haber ido directamente a la tienda de comestibles y pagar con moneda de plástico, algo que los fugger no podían ni imaginar y seguramente tampoco H.G. Welles, pero no me daba la real gana o mis santas narices.
Y lo peor de todo no es este pequeño caso, insignificante, de tozudez casi "martínezsoriana" ( Don erre que erre, icónica película del post-franquismo). Sino que los señores que habitan la sede social de ese banco hayan recibido aproximadamente 10.000 millones de euros de todos los españoles, es decir, los que pagamos impuestos, que hayan comprado la CAM alicantina por la estratosférica suma de "1" euro, y que no tengan los expendedores de billetes en funcionamiento en todo el santo día. Ya les vale, que diría un paisano. O mejor: A la mierda¡¡¡, citando al genial Fernán-Gómez.
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