Nuevamente me encuentro en el corredor. El pasillo de la vida, de la juventud, del futuro impregnado de apatía, pero futuro ilusionante a pesar de todo. Los infantes acceden al camino desde sus aulas, provocan ese parto doloroso para que se les abra la puerta a otra realidad, una realidad callada, de chisteos constantes, de burlas pueriles, de ambiciones rotas. El profesor manda callar pero nada consigue, todo lo más que impere durante unos breves instantes un ruidoso silencio que pronto se transmutará en callado rumor, música de los beatles mediante.
"Let it be" xilofonado desde el compartimento de música. Sonidos que invitan al recogimiento y la reflexión. Niños tirados en el suelo, cual hinchados y desnutridos infantes. Caras dubitativas, ¿cuál es el futuro?. Como decía la canción "la madre María viene hacia mi". Pero, ¿hacia quién?. Cualquiera de esos pequeños y no tan pequeños seres que deambulan buscando desalojar sus vejigas.
Está ya a punto de sonar la sirena y prestos para escapar como si de un incendio se tratase, para acceder raudamente a otro habitáculo del saber compartimentado que es el corredor del instituto.

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