viernes, 19 de abril de 2013

El Concejal ( II )

   
Hacía dos años, Jesús Escalambrín, profesor de filosofía, había aceptado formar parte de la lista del partido socialista en su pequeña localidad. Allí se conocían casi todos y sabían de que pie cojeaban. Unos eran los rojos, mal que ya no quedaran allí ancianos que hubieran vivido la terrible Guerra, y otros los fachas. Los populares habían acaparado el poder durante 5 legislaturas, el alcalde pretendía repetir de nuevo, a pesar del dinero que había amasado con las suculentas comisiones que se embolsaba cada vez que alguna pequeña obra se realizaba en el pueblo. Era conocido popularmente como  Pepe "el 10 por ciento". Todo el mundo lo sabía, pero nadie hacía nada, ni siquiera la oposición se atrevía a denunciarlo porque Pepe, Pepito para los amigos y familiares más cercanos, había tejido una densa red clientelar que daba trabajo a la mayoría del pueblo. Vamos, era un verdadero cacique de los del siglo XIX. Su reinado estaba trufado también de ciertas dosis de matonismo, puesto que unos amigos suyos ya habían propinado alguna que otra paliza a los más díscolos del pueblo. Tanto era así, que su partido tenía 10 concejales de 12 posibles. Los dos restantes se los repartían una candidatura independiente, llamada partido independiente, cosa lógica por otro lado, y el último concejal era de los socialistas, un obeso señor, tornero de profesión, que asistía a pocos plenos. La mayoría del cotarro lo dominaba pepito, que era amo y señor de la baronía.
    Pero Jesús, el filósofo, el idealista, como despectivamente le mencionaban en las tabernas más indignas del villorrio, aceptó la propuesta de entrar en la lista y comenzó una campaña de concienciación: llenó el pueblo de carteles con fotos del alcalde reuniéndose con empresarios, algunos de ellos ya en prisión. La verdad es que era difícil remover las conciencias en un pueblo tan anquilosado, pero la terrible crisis económica había dejado a la mayoría de los habitantes de la villa sin empleo y otros se habían tenido que buscar las castañas por su cuenta. Así que poco les unía ya a pepito, amén de que los años en el poder siempre desgastan. Así se llegó al día de las votaciones y los resultados fueron una nueva victoria de Pepe, el popular, pero sin mayoría. Todos quedaron boquiabiertos: podía cambiar el gobierno si pactaban socialistas e independientes. La gente no se lo creía y menos pepe, que  no paró toda la noche de hostigar en los dos colegios electorales, pidiendo nerviosamente que se recontaran una y otra vez los votos, algo había pasado y no podía ser que su pueblo le hubiese dado la espalda. Comenzó a insultar por las calles, preso de embriaguez, a sus antiguos "protegidos", gritaba por las calles:- hijos de puta, me las pagaréis- o - cerdos de mierda, vuestros hijos tendrán que marcharse, jamás encontraréis trabajo- como si el maná de la abundancia hubiera estado brotando de su bolsillo mágico durante los últimos años.
 
   La noche fue muy larga, sobre todo para el ínclito pepito, que seguía vociferando y ahogando sus penas en alcohol con los enemigos de su partido, los que a partir de ahora iban a tener que buscarse la vida lejos de la poltrona del consistorio. No obstante, aquella noche de alcohol, aderezada antes de que el alba asomara por los tejados llenos de moho con una visita grupal al prostíbulo de la localidad vecina, casa loli, comenzaron a forjar una especie de pacto de hierro, pensaron firmemente que alguien les había robado ilegítimamente el poder: algo de su exclusiva pertenencia. Pensaron en mover todos los hilos posibles, en comprar al mayor número de concejales opositores, al menos a los más zalameros, los que conocían de toda la vida, los más viles, capaces de venderse por un buen coche o, quizás una buena fulana rusa, de las que estaban entrando últimamente a servir con loli, la fulana más veterana de la cas que llevaba su nombre. Las ideas les fluían en sus mentes calenturientas, hirviendo de cocaína y sexo sucio, pensaban en la s mayores atrocidades diseñadas de manera un tanto burda, a vuelapluma, para seguir en el poder, para seguir extorsionando, manipulando, saqueando las famélicas arcas públicas.
 
    Pensaron mucho en el profesor de filosofía: les recordaba a algún personaje icorruptible, a un robespierre aleano, de taberna y frases lapidarias. Algo había que hacer
con el, porque había sido el culpable máximo del vuelco electoral. Este personaje, decían, no puede cambiar la voluntad popular con su despreciable demagogia docente. Cómo iba a ser posible que un profesor, especie peligrosa donde las haya, altere la paz y tranquilidad lapidarias que ellos habían construído con su caciquismo intachable durante décadas. Había que llamar a los amigos para acabar lo antes posible con el "amigo" del pueblo, en clara alusión al incorruptible revolucionario guillotinesco. Estos amigos eran la escoria del pueblo, gente sin oficio ni beneficio que iban tirando adelante con las pequeñas cantidades que, desde el partido, vía ayuntamiento, obtenían por labores casi siempre absurdas, las más de las veces delictivas. Eran, por tanto, estómagos agradecidos, personas sin escrúpulos que vendían sus servicios por unas rayas de coca un sábado por la noche o por un costo decente regalado, ahora que las drogas se estaban disparando con tanta inflacción. Jesús debíaser atacado cuanto antes, incluso impedir su toma de posesión, para evitar así la propagación de ideas poco convenientes para el pueblo y para recuperar, de un plumazo, el poder que los incompetentes y despreciables vecinos, desagradecidos, habían arrebatado a pepito y sus secuaces.

viernes, 12 de abril de 2013

Stingo

   Stingo, sensible Stingo. Crees en ti y te lanzas a la lucha de ser un grande, un Faulkner o un escritor maldito. Que nadie te lea jamás, ese sería tu gran triunfo. O que te lean amas de casas, fontaneros en el baño, cual Estefanía o Tellado. Lo importante es ser tu mismo, es liberarte de esa pesada américa rural, de esa España profunda, de ese Puerto Hurraco de las incomprensiones. Y llegar a la gran ciudad, llegar a Nueva York o a Madrid, porque ya se sabe que "de Madrid al cielo" o quizás al infierno de las irrelevancias. No llegarás nunca a ser un Vargas Llosa, ni siquiera un Pérez Reverte. Pero quizás algún día te publiquen en la farola o en un diario sin importancia, o en un blog que nadie lee. Finalmente, llegar a ser escritor.

jueves, 11 de abril de 2013

Falta de coraje


 Todos los días viajo, todavía medio dormido, hacia mi centro de trabajo. Y hay algo que no acabo de entender: la falta de movilización de un profesorado atacado y vilipendiado desde hace un par de años, cuando se comenzó a meter la tijera de los recortes. Miles de compañeros que se han quedado en paro, algunos amigos, otros que ya saben, casi a ciencia cierta que jamás, repito, jamás volverán a dar  clases en la pública. Y sin embargo parece que no pasa nada, es más, parece que las cosas se hayan arreglado, por la pasividad que veo en los docentes. 

   Reconozco que no es lo mismo tener plaza fija que ser interino, "precario", como se dice en italiano. Y que este año, por la eliminación de estos puestos de trabajo, el nivel de protesta ha disminuído, pero no entiendo muchas cosas. El año pasado asistimos, todos unidos, a varias macro-manifestaciones, en Valencia y Alicante. En ellas no solo vimos a compañeros y excompañeros interinos, sino a las planas mayores de nuestros bienamados institutos.  Nos poníamos un día a la semana la camiseta verde de los recortes, asistíamos a asambleas para proponer modelos de protesta. Se trataba de estar unidos, de buscar salidas a esta encrucijada de  tremendo ataque al estado de bienestar que nos imponen desde Europa vía Madrid- Valencia. 

    Entonces, ¿ a qué viene esta pasividad actual?. Nadie asiste a manifestaciones, nadie se atreve a ponerse la camiseta, a poner carteles reivindicativos, a luchar, en definitiva ( estoy siendo injusto con muchos que sí lo hacen). Pero hablo a un nivel superior, aquellas grandes marchas de 40-50 mil personas por las calles alicantinas. Aquello fue grande y emocionante. Yo aporto mi granito de arena, modesto,insuficiente, firmando cuantas propuestas en defensa de los derechos sociales, también de los interinos y de cualquier causa justa y honrada, estaría dispuesto a asistir a marchas, a movilizaciones, a explicar a mis alumnos la importancia de una educación pública y de calidad y a poner carteles reivindicativos, los que hiciesen falta. 

  Y  se me podrá decir que la gente está muy quemada, que está muy cansada de todos los escándalos de corrupción a todos los niveles que inundan los telediarios y noticiarios de todo tipo y pelaje. Y puede que tengan parte de razón. Ayer un profesor afirmó delante de otros 15, reunidos en un seminario, que no oye ya las noticias.  Que la situación político-social le abochorna y que vive más tranquilo  así, no escuchando, no oyendo. Y es algo que ya voy oyendo cada vez más en la sociedad. Que los escándalos que surgen desde la más alta magistratura del Estado, de manera piramidal, descendiendo hasta la base  política no están tan mal. Que siempre ha habido corrupción y que cuando la crisis pase todo se olvidará. Y quizás tenga razón. Es probable que muchos deberíamos hacer lo mismo, dar la espalda a unos corruptos medios de comunicación al servicio de los partidos políticos que destruyen a la sociedad que tanto costó construir, que destruyen la educación pública primando a la privada, fuente de amiguismo y clientelismo, a la par que salida más ventajosa para los más favorecidos. 

 Pero yo creo que, precisamente ahora, es cuando más atentos hemos de estar. Porque ahora, con toda esta corrupción, con todo este ruido, pretenden agotarnos por la vía del cansancio, por hastío. Y debemos seguir atentos, en la lucha, cada uno a su nivel, los sindicatos haciendo su papel, para eso les pagan, aunque sean sindicatos estatales, pues reciben financiación estatal, lo que limita su posibilidad de crítica al sistema. Pero el profesorado debería volver a levantarse, especialmente ese colectivo amenazado de muerte laboral, los precarios, pero también los funcionarios de carrera, que volveremos a sufrir más recortes, más humillaciones. Ya sabemos que  la huelga no es la solución en un país donde hacer huelga ataca radicalemente a la subsistencia de las personas. Pues habrá que hacer cosas, como escribir textos como estos o salir por las tardes, después de nuestro horario laboral. Recientemente me decía un compañero y , a pesar de eso amigo, que se había vuelto de Alicante  humillado y desanimado al ver una movilización con no más de 100 personas ante la delegación del gobierno valenciano, Paseo Doctor Gadea. Y yo no estaba, lo reconozco, me hubiera gustado poder ir a todas. 

    Debemos reaccionar, no se como, no alcanzo a ver de que manera podemos hacer algo provechoso, si podemos concienciar a nuestros vecinos, dar pequeños pasos, como granitos de arena, hablar con la gente, hacernos entender, explicarnos mejor, que para eso somos profesores.

  Pero no lo veo, no veo ánimos, no veo reacciones. Sólo veo sonrisas fáciles tras unas breves vacaciones hacia algún paraíso cercano, que algunos ya no nos podemos permitir. Veo complacencia y resignación y creo que eso nos llevará a la destrucción de nuestro modelo educativo en muy poco tiempo. Si nadie hace nada, si todas las discusiones en la cantina versan sobre la cantidad de lluvia que ha caído en Semana Santa, en cómo están las carreteras y nadie habla de como el sistema se está desmoronando, yo no pienso quedarme callado. Por de pronto llevo entre mis manos un valioso libro ( para mi) que explica gran parte de  lo que pasa. A veces no tengo tiempo de leer nada, pero lo llevo para que los demás lo vean. Algo es algo. Esa indignación que tan bien canalizó el 15-M ha desaparecido o,  al menos, en los que más deberíamos hacer para dar ejemplo, parece oculta en un manto de complacencia, de chistes fáciles, de redes sociales absurdas que no aportan nada mientras ellos, nuestros enemigos, la casta de oligarcas, la casta extractiva, formada por un pequeño grupo de políticos profesionales (no más de 4 o 5) que llevan 30 años dirigiendo este país, se frontan las manos. Pronto la sanidad y la educación será privada, para la mayor parte de la población, menos, como pasa en otros lares, para los deseredados, los desposeídos, que contarán con un auxilio social, habremos vuelto a los años 40. Pero no pasará nada, nuestros queridos compañeros, excelentes profesionales, habrán vuelto a ir de vacaciones, habrán hecho senderismo, habrán ( habremos) reído escuchando las tristes situaciones en locales donde actuan excelentes monologuistas.
   La risa, ¡¡qué importante es la risa!!. Reirse es sano, casi curativo. Pero un país que solo sabe reírse y admite toda la mafia corrupta que le gobierna no tiene perdón de Dios ( esto es una frase hecha que viene muy al pelo, por si alguien cree que soy religioso).  No tiene dignidad y acabará, como siempre si analizamos nuestra historia contemporánea, tragando todo lo que le pase, se merecerá lo que le haya pasado y de nada valdrán las voces críticas, los hombres y mujeres que habían callado, habían llorado, habían reído, habían, en definitiva, vivido, incluído yo, el que suscribe estas palabras, que he callado más de la cuenta. Pero seguiré escribiendo, seguiré criticando y si alguien tiene alguna propuesta que hacer, que hable conmigo, estoy dispuesto a hacer lo posible, lo que humanamente podamos hacer todos juntos para luchar contra este envilecimiento y esta barbarie.

Sueños

  El insomnio hacía estragos en su alma, en su vida, en su libertad. Lo había atrapado por completo. Recurrió noblemente a la drogadicción, siquiera controlada o, mejor dicho, incontrolada por un facultativo. Pero pronto, se hizo insuficiente y hubo de recurrir a más y más dosis de las pastillas mágicas. La ansiedad se apoderaba de el, ahora que sentía que había perdido demasiado tiempo en disquisiciones absurdas. El sueño aparecía en breves y fugaces rachas sin continuidad, podía aparecer incluso en horas de trabajo, guarneciéndose decorosamente de las personas en lugares oscuros e imposibles de habitar. No llegaba a atrapar el ansiado sueño, estaba muy cerca, pero ni siquiera esas terribles pastillas narcotizantes, conseguían que sus neuronas le dejasen tranquilo por unas horas y poder dejar de mirar al techo, a las antiguas escayolas. 
   Pensó seriamente en el suicidio, quizás la fórmula más atractiva para poder dormir de una vez por todas, además de la manera más limpia y convincente de dejar de sufrir esa terrible dismorfobia que se iba agravando con el paso del tiempo, con ese rostro cada vez más fatigado, mirada perdida, cámara de fotos en la mano para retratar los últimos instantes de su vida. Pensó diversos sistemas puesto que las medicaciones no hacían para nada efecto. Buscó en sus relatos soluciones escapistas que imitar pero no le parecía nada romántico, como él era, lanzarse de cabeza por un puente, por mucha seguridad que diese una altura desmesurada y un suelo granítico, hormigonado. Pensó en una película que acababa de ver,  Quadrophenia, con ese final motero en el acantilado. Ese acantilado era un lugar ya memorable y un lugar mágico, mucho más romántico que el del puente. Decidió viajar a la isla de Inglaterra para arribar a un finisterre, o mejor dicho, finisvitae. Era la mejor solución y por mucho tiempo así lo consideró.

viernes, 5 de abril de 2013

El concejal ( I ) : en el salón de plenos.




  El concejal sacó de improvisto una pistola de su abrigo. Un grito desgarrador se alzó en  el pequeño hemiciclo donde se reunían algunos corruptos aunque no sabemos a ciencia cierta de dónde procedía, acaso de la bancada reservada al  pueblo. Después supimos que era de su cuñada, Rosita, la vendedora de cosméticos, que solía asistir a los plenos para ver a su cariñito. Jesús Escalambrín era concejal por los socialistas, aunque eso lo mismo da en esta historia. Podría haber sido comunista o popular, incluso independiente. Eso no viene al caso ahora. Lo más importante es el momento, el pleno del ayuntamiento y Escalambrín con su pipa ( desconocemos su procedencia aunque lo que sí sabemos es que jamás había manejado arma alguna, ni siquiera en la feria del pueblo y tampoco en la mili, puesto que se libró de hacerla por ser hijo de viuda). La cuestión es que el concejal alzó al cielo ( mejor, al techo) su pequeña arma. Alguno guardaba la débil esperanza de que fuera un mechero, pero no, era un arma de verdad, de las que hacen mucha, mucha pupa. Incluso hubo algunos que albergaban la idea de que se pegaría un tiro en la cabeza, puesto que el acto era televisado por local tv, y a Jesús siempre le había gustado mucho figurar. Pero no era esa su intención.


   Llevó a cabo rápidamente un giro circular con ambos brazos, bien asida la pistola y el pequeño salón enmudeció bajo una insoportable tensión. Lo que muchos esperaban no se produjo, Jesús disparó al alcalde,  compañero y sin embargo enemigo de partido. Como suele suceder en ocasiones, en tiradores inexpertos, la bala atravesó el corazón, el alcalde murió en el acto. Los gritos aumentaron de frecuencia.  El jefe de la policía se abalanzó sobre el concejal y recibió otro tiro, en este caso en la pierna. Parece que podía tener más balas en la recámara y todo el mundo estaba expectante, como la tensión producida en el cinéfilo durante una película de Hitchkock. Finalmente, tras ser conminado a que entregara el arma por vecinos y picoletos locales, se descerrajó un tiro en toda la sién, cayendo a plomo sobre su sillón y embadurnando de sangre y materia cerebral toda la tarima y la pequeña tablet que había sido el último juguetito para los concejales regalado con fondos públicos, como debe ser.

    Nadie entendía nada, pero todo tenía su explicación. Habría que remontarse a dos años antes, justamente en los meses previos a las elecciones municipales, en las que Jesús Escalambrín, tras desoir a su madre, ya anciana, accedió a formar parte de la lista. La lista negra, por lo que se pudo saber más adelante. Esa lista que depositaron en un cajón transparente 2349 personas y que lo convirtió   después en concejal de urbanismo.