Cataluña, siempre Cataluña. El país de los prodigios. La cuna del modernismo, la europea, la avanzada, la industrial. Entre finales del siglo XIX y principios del XX, tras el desastre del 98, surge en España el nacionalismo catalán, un nacionalismo regionalista que luchaba por obtener unas mínimas condiciones de autogobierno para su país. Podemos remontarnos a la conocida como Renaixença Catalana, un movimiento de recuperación cultural y literaria del catalán, tras muchos años de olvido y retroceso. A partir de ese momento y en las décadas siguientes, cristalizará en una serie de formaciones políticas que van a participar activamente en la política española de las primeras décadas del siglo XX. Estos grupos políticos estarán liderados por la burguesía catalana, esa burguesía corrupta a la que llegará a encumbrase Bouvila, el campesino mugriento y desesperado que había acudido a Barcelona en búsqueda de la supervivencia, de un futuro mejor al calor de una ciudad que renacía gracias a la Exposición Universal de 1988. Allí Onofre había logrado, mediante el delito y la extorsión, encumbrarse a lo más alto de la sociedad catalana. Era un pragmático, un cínico, un asesino, un triunfador.
Esta burguesía siempre quiso tener voz y voto en Madrid, participó en diversos gobiernos de España durante la monarquía de Alfonso XIII, plácidamente auspició al general Primo de Rivera a la dictadura y , ante la amemenaza del bolchevismo llegó a financiar al "movimiento nacional" del general Franco durante la Guerra Civil. Ahí tenemos, por ejemplo, a un Francesc Cambó aportando dinero a los rebeldes a la República. Algunos lo llaman "pragmatismo". Mejor llamarlo simple y llanamente traición, delito, delincuencia común. En eso se parecían mucho al antihéroe Bouvila.
Ahora esta misma burguesía, o sus herederos, plantean el "derecho a decidir", es decir, un referéndum para votar sobre su independencia o separación de España. Y todo porque, tras saquear impunemente en los últimos 35 años las arcas públicas ( caso banca catalana, caso casinos, caso palau, 3 o 4 % de las concesiones, caso ITV, etc.) se han quedado sin recursos, podríamos decir que han quebrado la Generalitat Catalana, el organismo que todos los españoles les dimos para que, repondiendo a sus demandas, se sintieran integrados. Gran error el de aquel momento, porque todo lo que se entregó ( sanidad, educación, seguridad, etc) no ha servido para calmar las ansias separatistas. De hecho todo hace indicar que el excesivo entreguismo, o el conceder tantas competencias fue un error de base que hoy nos ha llevado al reforzamiento de esa burguesía de la que hablábamos. Una burguesía bouvilesca, feroz, manipuladora, que controla todo desde Barcelona y quiere controlar también Madrid para hacer de España su cortijo particular.
Y el problema no de fácil resolución. ¿Cómo integrar a personas a las que se les ha dado cuanto pedían y que cada día se sienten menos unidas al resto, después de que el estado español haya tenido que transformar un modelo nacional en 17 mini-estados de un coste político y económico irrecuperable?. Porque siendo sinceros, ahora sería muy díficl realizar el camino de vuelta. Difícilmente ningún nacionalista catalán aceptaría de buen grado un retroceso en sus competencias. Hemos visto como han conseguido adoctrinar en una historia y mitologías en buena medida fruto de una invencción consciente con el objetivo de poner en pie un sentimiento nacional propio. A los escolares catalanes les son ajenos hechos históricos y personajes que les vinculan directamente con la historia de España. Lejos quedan aquellos tiempos en los que una catalana, Agustina Zaragoza y Domènech, representaba lo más valeroso en la lucha por la independencia ( de España ) del yugo napoleónico. O aquella época en la que catalanes fueron presidentes del gobierno de España, como el General Juan Prim i Prats o el propio Pi i Margall, presidente de la Primera República Española. Todo eso ha pasado al olvido en la escuela catalana o al menos, se infravalora, en pos de una catalanidad mal entendida, excluída y excluyente, separadora y no integradora con el resto de España.
Por tanto, aquella burguesía catalana que dió paso a la actual burguesía, muchos hijos o nietos de los Humbert Figa i Morera o Alexandre Canals i Formiga y tan bien representados por la figura icónica de Onofre Bouvila, sinónimo del trepa, del engañabobos, ha devenido en una parodia de la genial novela de Eduardo Mendoza.

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