El
futuro es un ente espacio-temporal del que podemos hablar, que podemos
intuir levemente o gravemente, según nuestro nivel de conocimientos del
pasado, ya que el futuro, que no existe como entidad real, tangible, se
puede aprehender si conocemos lo que ha sucedido en un lugar
determinado, que nos puede atañer o no.
Por tanto, no existiendo, es decir, no siendo una situación que haya sucedido todavía, puede llegar a ocurrir. Entonces decimos que el futuro puede llegar a existir. No es nada y lo es todo.
Es ciertamente un enigma escuchar a individuos que creen que pueden
saber con exactitud lo que va a pasar a un país, a una región, una
pequeña comunidad e incluso a una persona. Y es enigmático porque "el futuro"
no existe todavía y desde que aceptamos la revolución científica,
Newton y que lo importante es aquello que se ve, la naturaleza, lo
visible, la razón frente a la superstición, nos cuesta un gran trabajo,
al menos a las personas razonables, que utilizamos la razón, aceptar
como quien no quiere la cosa que esto pueda ser cierto.
Pero cada noche, desde que se han puesto de moda los gabinetes de
futurólogos en televisión, los insomnes nos asomamos, acaso por un
cierto afán de marujeo, a algunas de estas mesas camilla donde las
personas, ávidas de saber lo que les va a pasar la mañana siguiente, es
decir, de saber lo que ya saben en muchos casos. Y lo que observamos (
baste decir que seguimos aplicando el método científico) nos resulta muy
llamativo. Hay un tipo con melenas largas, moreno, cejijunto que se
pasa un buen rato quemando incienso y diciendo números completos de la
lotería a los incautos telefonistas noctámbulos. Otro es capaz de quitar
el mal de ojo colocando unas tijeras abiertas sobre un cuenco con agua y
sal, se hace llamar "maestro" ( desconozco si enseña algo
instructivo).
También los hay que echan las cartas y, llamativamente, apenas si las
miran para hacer un retrato quasi psicológico de la persona que llama.
Muchos de estos hacen tales preguntas que llevan implícitas unas
respuestas que luego se vanaglorian de haber descubierto. ¡¡¡Oh, magos,
queridos magos, los magos de oriente quizás, que llevaron al Niño-Dios
incienso, oro y mirra!!!.
La estrella que vieron estos magos de hace 2000 años era el cometa
Halley. Ellos no lo sabían pero la ciencia lo ha descubierto. Finalmente
podemos afirmar que el conociemiento científico es capaz de saber si el
futuro predicho por los magos era verdadero y de que tipo de
conocimiento se trataba. Es, por tanto, proactivo y predictivo. Con la
ciencia podemos saber el futuro. Por tanto apliquemos la razón, y una
cosa poco común que se llama "sentido común" y sabremos, o al menos,
podremos intuir aquello que puede pasar.
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