Los ecosistemas empezaron a resentirse y ante el aumento y descompensación entre especies, se ordenó el holocausto final. El planeta solo estaría habitado por una única especie: el homo sapiens sapiens. Los gobiernos, para entonces ya todos totalitarios contra los indefensos animales hicieron bien su trabajo. La matanza de todas las especies acabó, efectivamente, con la posibilidad de que virus animales afectarán al ser humano. Cierto que el sacrificio personal, íntimo, fue menor para los veganos. El resto tuvieron que acostumbrarse a comer solo verdura y sustituir la falta de proteína animal, carne, leche y sus derivados, con todo tipo de suplementos creados en laboratorios. Pasados unos meses del asesinato de especies apareció una epidemia aparentemente leve de un bacilo del que se desconocía su procedencia, solo se sabía que no se había originado en un animal. ¿Quizás en los insectos, alguno no exterminado, de esos enjambres que ahora poblaban las ciudades y villas a millones, formando extensas nubes que masacraban impunemente a todos los humanos porque previamente habían sido eliminados pájaros y los murciélagos?. El agua sucia, el agua sucia, la falta de desinfección, decían algunos científicos. Pero ya era tarde. La pandemia de estulticia acabó finalmente con la vida en el planeta tierra.
martes, 28 de abril de 2020
Holocausto final
Todo comenzó como había comenzado hacia poco con los humanos. Esos ingenuos impertinentes que se vanagloriaban de tener el privilegio de salir todos los días y a todas horas gracias a ellos. Esos fueron los primeros. Después, alguna lúcida mente, de esas que no suelen pensar, había concluido que para acabar con la epidemia se debían sacrificar a todos. Muerto el perro, se acabó la rabia, pero no solo el perro. Desde hacía décadas se conocían muy bien los coronavirus felinos. Entonces esa mente privilegiada creyó oportuno eliminarlos todos. Pronto se apreció un aumento de los roedores e insectos como las inquietantes cucarachas. Y esa mente dijo. "Bueno, no es significativo. Lo importante es la salud pública, la del ser humano". Acabaron con todos los felinos, tigres, leones, jaguares. Cientos de especies fueron siendo extinguidas o desaparecieron de forma natural al carecer de alimento, pasando a ser un lamentable pero "necesario" mal por un bien común mayor, acabar con las pandemias. Como el planeta vivía en estado de continua abnegación y sacrificio ni siquiera los ecologistas pudieron expresar en público su indignación.
sábado, 25 de abril de 2020
Microcuento 1
Colorín, colorado este cuento ya ha empezado.
Colorín, colorado este cuento nunca ha comenzado.
Colorín, colorado este cuento jamás ha terminado.
Colorín, colorado este cuento ha naufragado.
FIN
Colorín, colorado este cuento nunca ha comenzado.
Colorín, colorado este cuento jamás ha terminado.
Colorín, colorado este cuento ha naufragado.
FIN
miércoles, 22 de abril de 2020
Ignominia
Desde sus mezquinos púlpitos preferían azuzar las contradicciones inherentes a una situación insoportable. Se mofaban de estos, los más necesitados, como en el pasado se habían burlado impunemente de otros.
Las contradicciones se exacerbaron mientras las libertades eran, de nuevo, puestas en entredicho. Fue entonces cuando los vendedores de humo, los que despreciaban el conocimiento basado en evidencias, agitaron aun más a una población que empezaba de nuevo a señalar al diferente , a etiquetar al disidente, aquel que hundido en un pozo oscuro de ansiedad, no aparecía cada día a la hora acordada.
Sí, aquella sociedad enfrentada, dislocada y anhelosa de agarrarse a alguna certidumbre. Y millones cayeron en la trampa. Despreciaron la veracidad para abrazar aquella ignominiosa y abyecta falsedad. De nuevo no fue posible la concordia y el odio volvió a infiltrarse en las descorazonadas almas de los más desdichados culpando de nuevo al diferente e inevitablemente a los que siempre habían luchado por sus intereses.
Imagen:page 76 of "Diccionario enciclopédico hispano-americano de literatura, siencias y artes. Edición profusamente ilustrada con miles de pequeños grabados intercalados en el texto y tirados aparte
viernes, 7 de diciembre de 2018
El objetivo
Aturdido todavía por las circunstancias, Javier, Javi, se mostraba dispuesto a lograr sus objetivos. El lugar incorporaba sutiles espacios para amortiguar sus pensamientos más destructivos. Una casa en la que todavía se mantenía el papel en las paredes, un mobiliario antiguo ( que no anticuado) y algunos matices de modernidad en los rincones, en donde estratégicamente se disponían diversos pufs para recostarse mientras uno podía contemplar tan acogedor espectáculo.
Le había llamado indignada, soltando verdaderas diatribas contra el director, pero dispuesta, o eso creía él, a acordar unos sencillos pero firmes puntos de los que ambos eran partícipes: dureza, disciplina ante todo y ante todos, coherencia para abordar los retos que se les venían encima. Se debían mostrar muy enérgicos para imponer la nueva situación, evitando cualquier desvío, cualquier salida de tono que desbaratara verdaderamente sus peliagudos propósitos.
En muchas ocasiones Valeria había tratado de conllevar sus situaciones haciendo caso a aquellas aburridas normas de convivencia. El aula, los partes, aquellos expedientes. Pero ahora se mostraba implacable. Creía llegado el momento para establecer su dictadura educativa, aunque era consciente de que, por el momento, no contaba con las suficientes fuerzas dentro de aquella anarquía en que se había convertido el centro de trabajo. Ahora sus pensamientos se dirigían a conseguir algún apoyo, aunque fuera el de un triste profesor de filosofía. Ella siempre lo había tenido por un pusilánime. Pero había descubierto, con el paso del tiempo, que detrás de aquella máscara se escondía una persona retraída y acomplejada, sí, pero muy capaz de imponer su visión de la jugada. Era el compañero perfecto para su proyecto definitivo.
Javi, Javier, esperaba en el suelo y meditaba convencido de poder contenerla. Sabía de sus intenciones y estaba convencido de la necesidad de un nuevo orden que cambiara para siempre su situación. No ansiaba el poder solamente por el sueldo y la notoriedad sino por lograr de una vez por todas, quizás la primera y la última, alcanzar algún objetivo auténtico en su vida...
jueves, 29 de noviembre de 2018
Enderezar
La vida pasa, el tiempo vuela.
Un profesor pelea, se enfada, riñe.
El viento arquea las palmeras,
y enjambres de aves revolotean sobre sus cabezas.
El profesor intenta que el gélido viento
no derribe las ilusiones de toda una generación,
apoyado en la nostalgia por la historia.
Dura tarea, difícil edad.
¡Enderezar!. El único camino...
y no perder jamás la esperanza.
Un profesor pelea, se enfada, riñe.
El viento arquea las palmeras,
y enjambres de aves revolotean sobre sus cabezas.
El profesor intenta que el gélido viento
no derribe las ilusiones de toda una generación,
apoyado en la nostalgia por la historia.
Dura tarea, difícil edad.
¡Enderezar!. El único camino...
y no perder jamás la esperanza.
jueves, 2 de agosto de 2018
El verano
El verano son montones de muebles destrozados escoltando al carromato de la basura... es calor transformado en chorros de sudor en las sienes, como una hiperhidrosis ya incontrolada... es salir de la ducha y ya seco volver a estar mojado... son cursos de formación absurdos algunas mañanas y playa de tarde cuando el sol ni hace cosquillas... son gelattos cuando cae el sol en el espectral centro histérico de Elche... es visitar museos vacíos en tu ciudad y bares llenos en las de al lado...es oler la mierda de la depuradora por las noches y ver amanecer desde lo alto de unas palmeras... es ir en el coche escuchando a toda hostia "I'm the walrus" mientras vas a pasar la ITV...es holgazanear cuando te dejan, acostarte a las tantas viendo gilipolleces de cocina o soldaduras en la tele... es seguir adelantando algo de trabajo para septiembre(aunque nadie se lo crea)... es atrincherarse algunos días en el piso con el aire acondicionado pintando piedras con tus hijos...es que se te joda (otra vez) la garganta y que te pase siempre en vacaciones...es estar tranquilo a las doce y media de la noche y recibir en el móvil (puto móvil) un mensaje de la policía "tiene cita para renovar su DNI"... es dormir en el sofá toda la noche después de estremecerte viendo un capítulo de "Black Mirror".... es gritar desesperado por la última rabieta de los niños ... es leer ese clásico pendiente en la página 54 desde hace 2 años... es intentar leer varios libros cuando puedes, llegar a esa página ciento y pico y dudar si regresarlos a su estante o mandarlos al infierno de la basura ... es, como no, un cubo de pintura después de blanquear esa cochina pared del pasillo...es escuchar noticias absurdas que enmascaran otras de extrema gravedad...hacer excursiones y comer chocolate gratis en La Vila... flipar cómo se difunden bulos ahora llamados ' fakes' para manipular a la peña con todo... es pasar de todo y no pasar de nada, Sabina...es, en definitiva, echarte como siempre de menos.
Foto: Luis G. Pueyo
viernes, 22 de junio de 2018
El hombre sin tiempo
Ahora
que su popularidad no hacía más que incrementarse buscaba desesperadamente una
salida. En aquellos recintos otrora lujosos y ahora desconchados además de
buscar un subsidio se podía hurgar en los corchos en busca de una ocupación
diferente, quizás peor remunerada que la actual. Quería despedirse, marcharse,
dar un portazo antes de que le llegase la improbable carta de despido.
La empresa no pensaba echarlo, todo lo contrario, pero es cierto que su
prestigio como meteorólogo se había visto menguado hasta límites insoportables
por alguien con una pizca siquiera de amor propio. De un tiempo a esta parte
había sufrido la vergüenza de una caída descomunal en sus aciertos. Los errores
habían sido de bulto. Anunció grandes lluvias en todo el levante durante la
Semana Santa y se ganó una querella de varias cadenas hoteleras. El escándalo
corrió como la pólvora por redes sociales y fue mofa en diferentes espacios,
incluida su propia emisora. Más avanzada la primavera, unas semanas más tarde,
pronosticó mal lo que claramente era la penetración de una enorme perturbación
por el noroeste peninsular.
En
este caso las chanzas fueron excesivamente crueles, poniendo el énfasis en su
aspecto desastrado, su chorreante cabello y su mirada desviada. Todo estaba en
su contra como profesional pero la emisora sorprendentemente detectó una gran
subida en las audiencias. Cada vez que se anunciaba la aparición del hombre del
tiempo la cadena sobreponía el rótulo “El
hombre sin tiempo” ante la mofa generalizada de las masas. Había morbo en
toda esa gente fracasada por ver la caída, la hostia descomunal del otrora
líder, del sabio que ahora daba vergüenza ajena. Sus ridículos siempre
reconfortaban a aquellos individuos. Tanto éxito tenía que había llegado a igualar
el share del partido de fútbol que se
emitía en la cadena de la competencia.
Quería huir, desaparecer, quizás buscando refugio fuera de los medios
visuales. Regresar a la radio, dónde tan buenos momentos había pasado. Allí se
sentía querido y respetado. Solo su afán de enriquecerse le hizo dar el salto a
la pequeña pantalla, de lo que se arrepentía a diario. Su frágil sueño acabó en
espasmos, despertares frecuentes y casi
siempre embadurnado en litros del sudor de la derrota. Por las mañanas había
perdido peso, se sentía más ligero pero a la vez menos persona. Su aspecto
barruntaba problemas serios de salud y su agente se inquietó. Cierto que en televisión
todavía no se notaba su preocupante delgadez y sus inmensas ojeras moradas.
Mientras el populacho se divertía, el ardía en deseos por anunciar la verdad,
su verdad, su hartazgo, la vileza de los que le observaban. Anunciárselo a sus
caras impávidas: sois unos miserables.
Sus errores eran los beneficios de la emisora. Pronto comenzó a estudiar
de nuevo todos sus manuales de meteorología, hasta los más anticuados, los que
había estudiado en la facultad. Quería acertar, tenerlo todo atado y bien atado
porque esa sería la única manera de que lo despidiesen: acertar. Cuanto más
errara más fácil sería que le ofrecieran una irresistible oferta de renovación.
Y él quería salir, olvidarse de las cámaras, pasar desapercibido en bares y
restaurantes, no firmar ningún autógrafo más aunque los que firmase pusieran un
nombre imaginario y desconocido. Pasaron unos días y su buen hacer comenzó a
preocupar. Recibió un mensaje en su contestador: debía errar. La voz
inconfundible del consejero delegado, ese delante del cual había firmado su
contrato años atrás, ese que no lo había vuelto a llamar para agradecerle su
sacrificio y su entrega sin límites a la empresa. Al día siguiente apareció por
última vez en las pantallas. El tiempo estaba revuelto. Una baja presión muy
potente en torno a la costa mediterránea hacía indicar la posibilidad de unas
lluvias desaforadas. Investigando hasta el más mínimo detalle llegó a ofrecer
la alerta meteorológica que ni siquiera la delegación del gobierno llegó a
activar para la mañana siguiente. Anunció inundaciones y hasta precisó los
barrancos que a cierta hora del mediodía arrastrarían con su flujo millones de
toneladas de barro. En directo, en plena emisión sus compañeros de estudio
reían a carcajadas, en las casas millones lloraban de la risa incontenida.
Hasta se pudo registrar en el audio directo alguna carcajada del imbécil de
Parres.
Aquella noche estaba preocupado, tenía un amigo que vivía en aquella
comarca en la que estaba seguro que una tragedia se avecinaba. Llamó a su
teléfono pero nadie contestó. Prefirió no dejar un mensaje en el contestador.
Después ingirió un somnífero y descansó hasta las diez de la mañana. Bajó a
hacer la compra y se preparó un frugal almuerzo. Tenía que marchar a los
estudios a la una. Pero un mensaje llegó a su teléfono: estás despedido. El
jefe. Estaba contento aunque desconocía los límites de la tragedia que
había pronosticado en directo. Relajado, sin obligaciones más que la de
ir durante algunos de los siguientes siete días a recoger la carta de despido
durmió ligeramente. Por la tarde encendió la televisión y descubrió el macabro
hallazgo: más de 35 personas desaparecidas en el barranco de La Cala.
Una mezcla de incredulidad y de satisfacción corrían por sus venas. Después de
cerciorarse de la buena salud de su amigo llamó a su agente para despedirlo.
Nunca más esa sanguijuela le sacaría los cuartos. Por fin se sentía libre para
elegir aunque esa libertad hubiese sido obtenida a costa del sufrimiento de
muchos inocentes. Pero no tenía remordimientos, había hecho su trabajo y las
risas se habían tornado en llantos. Volvía a ser el hombre del tiempo. Pronto
se lo rifarían en cualquier empresa. Ahora podría decidir libremente su próximo
destino o probablemente, con la indemnización, no regresase jamás a la
popularidad. Había recuperado el tiempo que aquel nefasto trabajo de hombre del
tiempo le había arrebatado: ya no sería más un hombre sin tiempo.
viernes, 20 de abril de 2018
El hundimiento
Relato presentado al II certamen literario de relato corto "Raval d'Elx"
A la memoria de José Canals, Jacinto
Agulló, Vicente Arroniz y Rafael Palao
Aquel viernes todo predecía la llegada de un
fin de semana tranquilo en la pequeña pero industriosa ciudad: hombres y
mujeres marchaban a las fábricas y al campo. Muchas otras, ataviadas con sus
mandiles o con pañuelos anudados a la cabeza, salían a comprar al mercado y
después marchaban cargadas de ropa a los lavaderos de las acequias. Algunas,
pacientemente, se acercaban a la fuente de la plaza a cargar las tinajas con su
agua. Todo aparentaba normalidad, todo menos la miseria que se cernía sobre el
pobre Pepe. José era un chico fuerte y trabajador pero pertenecía a una familia
muy humilde, como la mayoría de las del barrio, una familia que necesitaba que
todos los hijos trabajasen para subsistir en su normalizada pobreza. Pero ahora
estaba parado porque para su desgracia hacía solo unos días se había lesionado
en el partido del club Arrabal. Dolorido y deprimido, tenía que guardar reposo.
Para animarlo, sus compañeros le habían prometido una parte proporcional de sus
jornales pero Pepe se sentía extraño: no quería perjudicarles, ya que tampoco
estos nadaban precisamente en la abundancia. Eran tiempos de postguerra y cartillas
de racionamiento, de cara al sol y
botijos en verano, de sol y moscas en
una España todavía deprimida por la derrota.
La
mañana de ese viernes había amanecido fresca y despejada en Elche. El sol
comenzaba a calentar poco a poco aunque era más agradable acercarse al lado de
la solana. Como solía ser habitual por aquellas fechas, a mediodía la
temperatura era buena y podía uno pasear por el poble sin chaqueta. De repente, algo terrible sucedió. Como si
de una imagen detenida en la pantalla del cine Alcázar se tratase, se escuchó
un terrible y seco estruendo que dejó a todo el mundo paralizado y tras el
breve pero intenso desconcierto, como las hormigas después de pisotear su
hormiguero, todo el mundo empezó a correr desordenadamente en las cercanías del
puente de Santa Teresa. Una joven mujer enlutada ni siquiera había podido
terminar de santiguarse delante de los casalicios de San Agatángelo y la Mare de Déu. La fuerte explosión había
ocurrido muy cerca, en la calle Alfonso XII. El humo blanco y denso subía hacia
la fachada desde una tintorería y muchas personas se acercaron tras el
desconcierto para ver lo que había sucedido. No tardaron en llegar desde la
Plaza del Caudillo un par de guardias urbanos que avisaron a los servicios de
emergencias: al parecer dos personas habían resultado heridas en el interior
del negocio. Un coche ambulancia llegó pasados unos minutos desde la casa de
socorro y se certificó la tragedia: dos fallecidos, calcinados por la explosión
de la autoclave del negocio. Poco importaba que la fábrica de alpargatas de
Sansano hubiese sufrido daños. La ciudad quedó conmocionada y en desde su casa
José sintió un escalofrío que le recorrió todo el cuerpo. No había escuchado la
explosión nítidamente pero había visto por la ventana a la gente ir y venir nerviosa
entre lamentos y sollozos. Algo en él no andaba bien: sentía una sensación
desagradable, como de desconsuelo y luto sobrevenido, de miedo al futuro, de
desconcierto.
Ese sábado habían quedado en el corazón del
Raval, junto a la fuente. Ya se hacía tarde, la luz comenzaba a menguar.
Entonces llegaron sus amigos, sus compañeros, que tenían un deber no solo
humanitario, sino moral: en aquellos tiempos la solidaridad entre los
desposeídos era tremendamente fuerte. Llegaron a la plaza y fueron depositando
sus duros en la gorra del desdichado, que en el fondo sentía una enorme lástima
no sólo por él mismo sino por ellos. De repente, la tierra comenzó a temblar y José,
junto a cinco de sus amigos que estaban cerca del centro quedaron paralizados
por el terror, esperando el desenlace desastroso que se avecinaba. Entonces, un
terrible rugido surgido de lo más profundo del suelo los succionó bestialmente
hacia el fondo. El refugio de la Guerra Civil se había venido abajo y la tierra
se los había tragado con una voracidad insaciable, casi asesina. Aquel
trepidante hundimiento provocó su caída hacia un fondo horripilante y oscuro,
lleno de cascotes y escombros, tablas de madera y fragmentos metálicos de la
propia fuente. Una notable columna de humo, provocada por la polvareda, se pudo
notar por los alrededores pese a la escasez de luz. El ruido atroz hizo que
decenas de personas, muchas de paseo y otras saliendo precipitadamente de sus
casas, comenzasen a acercarse a aquel pozo sobrevenido cuando el polvo comenzó
a escampar. Todo el barrio trataba de ver lo que había pasado mientras los seis
desafortunados jóvenes se debatían entre la vida y la muerte en el fondo de
aquel oscuro boquete, cuatro de ellos muy malheridos y dos, más afortunados,
llenos de heridas y rasguños, pero todavía dotados de una cierta movilidad. Pepe
trataba de chillar, pero su voz ahogada apenas llegaba a la superficie. Los
sollozos y gritos de los otros, entre lamentos de todo tipo, comenzaron a
percibirse entre el rumor inmenso que había generado el gentío. Un sereno y
algunos guardias comenzaron a llegar, accionando sus silbatos ahogadamente por
la tensión del momento. Todavía no sabían ante lo que se encontraban: si una
bomba, un terremoto o un corrimiento de tierras. Lo cierto es que el suelo se había hundido y
el pánico a caer en el interior apartaba al gentío hacia los extremos de la
plaza. Los bomberos, que pronto se personaron en el lugar, supieron de
inmediato que la estructura del refugio se encontraba muy dañada por las
infiltraciones de la propia fuente y que había una clara negligencia que nadie querría
ni podría denunciar.
Dentro del refugio de la infamia José se
desvanecía lentamente bajo el peso de aquella enorme losa. No tenía apenas
tiempo para pensar, para reaccionar. Luchaba con todas sus fuerzas por tratar
de movilizar alguna parte de su cuerpo pero le era imposible. Frustrado, el
aire le comenzó a faltar y poco tiempo después se fue desvaneciendo y su
corazón apagando para siempre. Entonces Pepe fue libre. Alzó sus ojos y pudo
percibir de manera muy luminosa aquella tragedia. No escuchaba sonido alguno, solo
luz, cada vez más intensa, que le alejaba de aquel bullicio. A lo lejos pudo
ver otras luces fugaces que lo llamaban. No obstante, trató de forzar el
descenso para ayudar a los otros dos compañeros que todavía se retorcían entre
el dolor, dentro de ese lodazal inmundo en que se había convertido ese agujero,
pero algo lo impelía hacia las estrellas. Se sentía liviano, tranquilo y como
si flotase, ligero, ingrávido.
José, el pobre jugador de fútbol y sus
desgraciados amigos vieron llorar a un
pueblo pero, a pesar de todo, divisaron con gran satisfacción, desde el
lugar en el que se encontraban, el rescate de Juan y Fermín y la fortaleza de
todo un barrio, su barrio, el Raval, que supo sacar fuerzas de flaqueza y
seguir adelante esperando mejores tiempos.
sábado, 31 de marzo de 2018
4 años
domingo, 4 de marzo de 2018
La mancha
Viví en aquellos meses de la primavera de 1986 una de las experiencias que más honda impresión dejaron sobre mi persona, marcando para siempre una fría, triste y pusilánime forma de ser que, solo con los años, logré matizar levemente en mi carácter. Sucedió todo durante la que fue mi corta infancia, súbitamente interrumpida para mi desgracia. Yo cursaba sexto de EGB, el equivalente al año escolar en el que se matriculan los niños de diez años aunque por aquellas fechas todavía tenía nueve. Al menos así lo recuerdo mientras escribo estas líneas. Durante mucho tiempo mi mente decidió eliminar aquellos desagradables momentos pero ahora han regresado de manera fragmentaria, aún incompletos, a mi cabeza, golpeándola fuertemente, hasta conducirme a mi actual estado de postración intelectual.
Dejo a continuación paso a los escritos que encontré en un perdido cajón del viejo mueble de madera lleno de carcoma y telarañas que durmió muchos años en un antiguo, desconchado y herrumboso pajar de la casa de mis tíos. Creo que son más ilustrativos que lo que yo mismo pudiera redactar en un recuerdo ya lejano que, no obstante, ha vuelto a retumbar en mi frágil memoria.
Perdida para siempre, hubo un fatídico día: ese en el que descubrí aquella pequeña libretita de anillas rojiza, ya descolorida y cuarteada. Ella regresó como regresan en ocasiones los muertos, ávidos de justicia. Ese bloc de notas, de letra quasi ilegible, comenzó a hacerme recordar. Y es que, es bien sabido que aunque la memoria tiende a edulcorar o matizar buena parte de los sucesos traumáticos que nos suceden en la infancia, en especial los más desagradables, finalmente acaban por asentarse en el interior de nuestros pensamientos más lejanos y oscuros.
Ahora he vuelto a recordar. El país vivía momentos convulsos y yo vivía con mis padres en un pequeño pueblo al que habíamos sido destinados por el azar de la administración. Este es el inicio de una redacción confusa, de letra casi ilegible, pues por entonces padecía una profunda disgrafía que nunca he acabado de desterrar. Mi formación paleográfica me ha permitido desentrañar esos deformes garabatos que, finalmente, me dispongo a trascribir. No se muy bien porqué lo hago, quizás para que en el futuro, estas cosas no vuelvan a ocurrir.
Viernes, 23 de Abril
Estoy enfadado y por eso escribo. Me he cabreado mucho esta mañana, en el colegio. Antonio me ha escupido en la cara. No se muy bien el porqué, he hablado con la señorita María y lo ha castigado. Después me he sentido mal, porque no quería que lo castigasen. En el fondo yo tenía la culpa, había estado chinchándole toda la semana con lo del partido de fútbol. Luego, cuando he llegado a casa, mi madre estaba llorando. No entiendo le pasa eso, no lo entiendo. Creo que mi madre sufre por algo de mi padre. Él está siempre fuera, solo viene a casa a comer y después se vuelve a ir al trabajo, quizás esta semana iremos al piso de mi abuela como solemos hacer.
Lunes, 26 de Abril.
Estoy cansado. Este fin de semana hemos hecho lo de siempre, viajar. Cuando vamos de fin de semana mis padres me recogen a las 5, después del colegio. Siento una sensación en el estómago cuando el coche coge un badén, como si me subiera para arriba. No se si es bueno o malo, pero me siento mal así que estaré malo. Cuando llegamos a la ciudad papá tarda mucho en aparcar. Después lo típico. El sábado vino un señor que no conozco y estuvo hablando con mi padre un buen rato. Tiene muy mal aspecto y una mancha muy oscura que le marca la sien derecha. Se les oyó hablar más alto de la cuenta, pero yo estaba viendo la televisión, los dibujos animados. Mi madre había comprado una torta de azúcar que tanto me gustan. Está riquísima, es de hojaldre y me la como toda de un tirón. El domingo no fuimos al parque como acostumbramos a hacer después de salir de misa. Mi padre fue a llamar por teléfono y yo me quedé con mamá viendo el mapa de España que hay en el suelo, en relieve. Por la tarde estuve viendo el programa que me gusta tanto de Si lo se no vengo. Después volvimos al pueblo y sentí otra vez la desagradable sensación de vacío que penetra por mi estómago. Es Domingo porque, al llegar, están dando la serie Luz de luna.
Lunes, 3 de Mayo.
Este fin de semana hemos ido a casa de mi tio. Como siempre nos ha contado las mismas historias de siempre, muy chulas aunque repetidas. Críticas sobre la comida, lo normal para sacar conversación. Otra vez, en casa de la abuela, ha venido el señor de la semana pasada. Parece que debe dinero a papá. Estaba escuchando en la habitación de las dos camas, al lado de la ventana que da a la galería. Decía que pronto le devolvería el dinero. La verdad es que no he querido preguntar nada por si papá se enfadaba. En el coche hablaba con mamá de que esta semana viajará dos días, que pedirá permiso en el trabajo. No se que es lo que tiene que hacer fuera porque nunca habla de lo que hace cuando se va. Solo dice que va a examinar en oposiciones, que no se muy bien lo que significa. Hoy estaba cansado en el colegio, en el patio le he tirado una piedra al Curro y después el director me ha dicho que hablarían con mis padres. Espero que no lo haga.
Jueves, 5 de Mayo.
Cuando he llegado esta mediodía a la casa me he cruzado por las escaleras con el señor que he visto en el piso los fines de semana. Supongo que saldría de casa. Papá estaba ya allí. Había vuelto del viaje que hizo el martes. Estaba un poco nervioso, sudando mucho y, cosa rara, se ha dado una ducha. No se cuanto tiempo hace que no se duchaba. Además luego estaba agresivo, se ha llegado a sacar la correa aunque, como suele ser habitual, después no pega. En el fondo es bueno, aunque me grite de manera desagradable.
Miércoles, 11 de Mayo.
Estoy muy nervioso pero creo que me tranquiliza escribir. Ayer cuando volvía del colegio el hombre estaba en la escalera. Me dijo que esperaba a mi padre y comenzó a tocarme la cara y el pelo. Yo me aparté pero él me abrazó y me tocó por todas partes. Menos mal que salí corriendo y salí a la calle. Tenía mucho miedo pero no podía contarle nada a mamá. Me daba vergüenza. Estoy muy triste por lo que ha pasado. Y pensar que ese hombre tiene tratos con papá. Desearía no haber nacido para no tener que ver más a ese señor.
Lunes, 16 de Mayo.
El fin de semana lo pasé fatal. Creo que mamá ha notado algo porque no ha parado de preguntarme que qué me pasaba. He decidido olvidar lo que pasó, creo que no volverá a pasar y además si ese hombre me volviera a tocar le daría un buen puntapié el sus partes, para que escarmentara. Después que se quejase a mi simpático papá, que tiene relaciones con el asqueroso este.
A partir de aquí la letra se hace todavía más oscura e ilegible. Realmente ha sido un milagro poder transcribir esta parte pero era como si fuese recordando una a una las palabras. Instintivamente, desgraciadamente he tenido que recordar lo que jamás hubiese querido.
Miércoles, 18 de Mayo.
Ha venido a buscarme al colegio. Estoy muy asustado y creo que mis padres lo están notando. No logro recordar bien su rostro. Tengo pesadillas, veo a una masa informe avanzando hacia mi con unas manos como de plastilina que me atrapan y me sumergen en un mar de plástico derretido, como cuando se quema en la hoguera. Me ha perseguido y me ha cogido cuando menos lo esperaba, al salir del campo del Quimpa, entre todo el carrizo que se acumula allí. Me ha obligado a hacer cosas que no quería. No lo quiero recordar. Tengo moretones por los brazos, me ha apretado con mucha fuerza y me duele. Tengo que guardar el secreto. Será mi secreto. Nadie lo debe saber. Espero que ese tipo no regrese...
No se si merece la pena escribir esto o debería dejarlo olvidado en el fondo de mi pensamiento. La verdad es que lo que viví me marcó, como marcaría a cualquier chaval de mi edad. Marcó una vida para siempre y, aunque mis padres y mi familia jamás lo supieron, no volví a ser el mismo. Yo solo recuerdo a un hombre y a una mancha, posiblemente un incipiente melanoma, que ojalá fuese terminal. Aquí acaba el relato de la libretita roja, al menos lo que encontré en aquel lugar. Es posible que las ratas y otros insectos comedores de papel hayan volatilizado algún recuerdo más referente a ese desagradable asunto. Les doy las gracias, ya que en mi memoria no existe nada más después del apunte final. Solo la mancha y lo que el propio texto me ha escupido a la cara vilmente. No quiero recordar pero habré de soportar esta pesada losa el resto de mis días.
domingo, 21 de enero de 2018
Máximas de pacotilla X (Cronos)
-Sin pasado no habría presente, por tanto no tiene sentido vivir el presente sin aprender del pasado.
-El presente es el espejo en el que se deforma la visión del pasado.
-El pasado se hace presente cíclicamente aunque la mayoría ya no lo recuerde.
-Pasado más presente son igual a futuro, siempre incierto.
jueves, 14 de diciembre de 2017
Prefiero morir
Prefiero morir deprisa
junto a mis seres queridos,
consciente de mi despedida,
llorando por iniciar un viaje a lo desconocido.
Preferiría morir tumbado frente al sol
que amanece viendo, si es posible, y escuchando los sonidos latentes de la naturaleza y de mis amigos, sentir sus manos en las mías, descansando en libertad.
Marcharme dulcemente pensando que la vida sigue plena, sin amarguras.
Hubiera preferido vivir viviendo,sin victorias ni derrotas,
siendo feliz pese a la vida, no habiendo llorado por los que murieron agónicamente.
siendo feliz pese a la vida, no habiendo llorado por los que murieron agónicamente.
Hubiera preferido no morir en vida
cuando los míos y los tuyos agonizaban tristemente en un frío hospital.
Por eso quiero vivir la muerte en paz, escuchando Brandenburgo o Pink Floyd, sin drogas, solo pensando que se acaba todo para mi y empieza la nada para los que me han querido.
Quisiera irme valiente, con lágrimas en los ojos pero rápido, corriendo
hacia esa luz real o metafórica que dicen que vemos antes de que nos cierren los ojos para siempre.
viernes, 10 de noviembre de 2017
Adiós madre
En Orihuela, ni su pueblo ni el mío, se me ha muerto para siempre Manuela García Vallés.
Madre, mamá, Manuela, Manolita, tu que la vida me entregaste, que alcanzaste aquella inmensa gesta de once meses: ofrecer entre tinieblas a la luz dos pequeñas criaturas, invisibles e inseguras del porvenir , pero cargadas de esperanza por tu colosal lucha diaria, sufrida, inmensa. Tu que aislada por esa malnacida sordo-ceguera nos criaste a trompicones, te encuentras de nuevo encinta, con un embarazo ascítico, plena de líquido, como aquel en el que navegaba todavía ignoto, sin sexo, sin nombre, sin nada, solo en tus entrañas, tus vísceras, tu vida. Aquellos latidos que dicen que escuchamos son los que ahora, agotada, suenan cada vez con más fuerza, como no queriendo pararse nunca, como esprintando hacia la meta final, inconsciente ya de tu futuro.
Mamá, aquellas aguas cristalinas se han tornado ahora en opaco residuo de un hígado cirrótico. Tu vientre se hincha orgulloso mientras tu lívido cuerpo, agotado ya, prosigue su descenso constitucional hacia la nada. Cantidades ingentes de sangre derramada sobre tus entrañas te han mantenido con vida, permitiéndonos el lujo de seguir teniéndote , maravillas de la ciencia médica moderna que ya renunció a la curación , solo al engrosamiento, a la hinchazón de las cifras de envejecimiento del país, como se hinchan tus piernas y tus manos, ya irreconocibles.
Pero ahora te nos vas yendo, madre, y me resisto a que ello suceda porque has luchado infatigablemente, con casi nula ayuda, contra viento y marea y porque me has querido, como yo te he querido a ti. Tu corazón se debilita, corre y se detiene exhausto. Tu y tus huesos que ya se han quebrado después de aquella desgraciada caída dáis signos claros de un evidente final. Ahora madre, mamá, te falta ya poco y sigues luchando, porque eres más fuerte que cualquier persona que haya conocido, mas todo comienzo tiene un inevitable y desagradable final. Te lloramos y te lloraremos, te echaremos de menos, te añoraré y te recordaré como lo que has sido, una mujer admirable e indomable, ciega y casi sorda, muchas veces ayuna de cariño, pero que ha sabido sacar siempre fuerzas de flaqueza para criar a sus hijos, para sacarnos adelante frente a las adversidades.
Todavía no eres consciente de que te vas a marchar, que abandonas ese sufrido cuerpo para no recuperarlo más. Sonríes, ya sin dolor, y te agarro la mano que tus fuerzas aprietan sobre la mía, acordándote de alguna absurda anécdota del pueblo, de tu pueblo, Minaya. No me ves y casi no me entiendes pero en el fondo de ti algo intuyes. Duermes ya con una sedación muy ligera, respiras con dificultad, con pequeñas apneas, toses y te hinchas porque orinas ya muy poco, de un color muy tostado . Pero te apagas feliz y yo lo disfruto sufriendo, derramando a escondidas algunas lágrimas de frustración y pena. Fue muy duro aquella noche en la cueva del dolor verte pararte por completo, en shock brutal, tu dulce corazón a cero, los ojos desorbitados, pero volviste a la vida y prolongaste tu lenta agonía, mi agonía, nuestra agonía. Quiero seguir cogiéndote la dilatada mano, cada vez con la piel más tirante y sedosa y estar a solas contigo, como durante aquellos nueve meses en los que finalmente me diste la luz un mediodía en el que perdiste parte de ella por los terribles esfuerzos.
Madre fueron, han sido dos interminables años de penurias y sufrimientos, de desangramientos crónicos, como si algún maléfico vampiro te succionara por la noche parte de lo que habías recibido generosamente de nuestros compatriotas . Un perpetuo deterioro de varices sangrantes, de heces tiznadas de carbón, de melenas persistentes, de adelgazamiento y desazón, tuya y nuestra, de conocimiento y reconocimiento de un hospital como todos, de triste recuerdo, de visitas y análisis, de ingresos y altas, de día, tarde y noche cerrada, de gratas e ingratas compañeras de habitación, de insomnios y malos sueños en camas, camastros y sillones, finalmente de flebitis y de encallecimiento de tus venas, finas, quebradizas, imposibles, inservibles hasta desembocar en la terrible vía central de los últimos momentos . Todo eso y mucho más has sido capaz de soportar:pruebas, pruebas y más pruebas. Un médico, después otro y otro, pasándose una patata menguada pero siempre caliente. Te vas con la seguridad de que he hecho todo lo humanamente posible porque tu pervivencia entre nosotros fuese semana a semana, día a día, hora a hora, no sólo posible sino necesaria. Dejas muchos huecos en este puzzle que se deshace y que transcurre irremediable: nuestra familia, nuestra vida.
Madre, mamá, en mi memoria quedará siempre, hasta que exhale mi último aliento, tus cosas, tus furias, tus fobias y tus filias, tu amor y tus recuerdos, casi siempre simpáticos, a veces de una dureza inhumana. Porque has sido una fuente inagotable de recuerdos familiares :de la guerra y la represión de tu padre, preso por su obstinada manera de ver la vida (aunque lo cuentes de oídas porque todavía no habías nacido, de su primera mujer que era hermana de tu madre. De tus propias hermanas, tus hermanicas, las que ya no están y las que prosiguen su camino. Esas historias negras de cárcel, exilio interior y muerte, de muñones sangrantes y alcoholismo. De malos tratos y negro luto lorquiano en un poblachón manchego, todas esas historias que nos contabas asiduamente, repetitivamente, pero de las que nunca me cansaba de escuchar y grabar sin tu permiso. Los truculentos y simpáticos motes del pueblo (el muerto, cagada, el ahorcado, el mocho), esas historias extravagantes, hasta de una hermana y sobrina desconocida, extraconyugal. La falta de cariño, la dureza de una época ignominiosa, el desaliento, las operaciones y caídas fatales, la pérdida del sentido común, la soltería inevitable hasta que la pudiste evitar. La muerte casi en tus manos de tu propia madre, una mujer casada con su cuñado y que quedó encinta antes de la boda (por eso te registraron días después de nacer). Un padre dictador, que hubiese querido tener hijos y solo engendraba niñas y os endosaba esa vida dura de colegio de monjas y siembra en las viñas, de recolección de lentejas y yeros, de polvos para la uva. Las cosas de los jornaleros de las tierras de tu madre, de las mulas y los cerdos, de las matanzas del pueblo . Las historias del cine que tu padre regentaba, de los viajantes de películas, de la ruina y mala administración paterna, de fortunas robadas en forma de trigo y cebada, de tu madre, esa abuela que solo conozco por dos fotos, también disminuida físicamente por infartos y fracturas, siempre de luto, siempre de negro, cocinando las gachas o el potaje. Tu hermanastro, único varón de la prole, con el que os dejásteis de hablar para siempre, cosas de pueblo, cosas de una España muy profunda que en parte lo sigue siendo. Hay tantas y tantas historias detrás de tu historia que me resisto, un poco egoístamente, a dejar de oír, a proseguir con el árbol genealógico que nos permita saber, de una vez por todas, de donde viene la retinas que te sumergió en las oscuridades del mundo. Sólo hace unos días, todavía en el lecho del. Dolor recordaba a tus primas y a tu tía Dolores, discapacitada mental que a cogísteis en tu casa.
!Madre, no nos dejes nunca, no me dejes nunca¡. Ya se que, según el doctor, tu situación es irreversible y que te mueres, te nos vas para siempre, aunque no seas capaz de aceptarlo. Ahora ya no importa, te has ido sin conciencia exacta de lo que te estaba ocurriendo en estos aberrantes siete días, una de las ventajas de la impersonal e insufrible muerte amarga en un centro hospitalario. Ya duermes para siempre: ¡Descansa en paz guerrera, que nunca nadie se ganó tanto estar en una eternidad apacible y gloriosa, triunfante!. Te quise, te quiero y te querré. Siempre vivirás en mi y perpetuaré tu memoria el resto de mi vida entre tus nietos, a los que tanto has querido. Adiós, hasta luego, que te vaya bien, camarada.
Tu hijo, que jamás te olvidará y que te llevará siempre consigo. Luis G. Pueyo Noviembre de 2017
lunes, 16 de octubre de 2017
Máximas de pacotilla (X)
-En el Vaticano han cambiado los colchones, ahora son todos escolásticos.
-En los gimnasios se practica poco la reflexión.
-Divide y perderás, le dijo la tijera al papel.
-Diversidad en la unidad, proclamó el partido esquizoide.
-¿Cuadramos el rombo?, le dijo el círculo al cuadrilátero.
-Hoy ya no se boxea como era necesario.
-La violencia sin sentido consentido carece de sentido.
-! Incívico¡, le dijo el dueño del perro al barrendero que recogía sus excrementos.
-! Blanco! Le gritó la supremacista negra al luchador por los derechos incívicos.
-La psicologia mejorará mucho cuando se suprima la psiquiatría. Sólo tienen que examinar mi caso, dijo el genio demente en una crisis de creatividad.
-Políticos ecologistas obesos pidiendo la abolición de las verdulerías.
-Políticas frenéticas pidiendo la abolición del frenesí
-Contra el frenopático vivíamos mejor, dijo el psiquiatra depresivo
-Dermatólogos melenudos implantando calvas en cabezas huecas.
-Érase una vez un médico que creía curar a alguien.
-Si usted me dice ven me parece una falta de respeto.
-Sin duda quedaron despejadas todas las certezas.
-El día de mañana no será como esperábamos que fuera ayer.
-El mundo se va a la mierda, concluyó el basurero filósofo.
-Meter la basura en la cabeza, dijo el basurero miembro de la RAE
-Con el matrimonio homosexual somos un país mucho mejor, por lo menos ahora se entiende todo.
-Esto es todo por mañana, tras la medicación. Hasta ayer. Buenas atardeceres.
-En los gimnasios se practica poco la reflexión.
-Divide y perderás, le dijo la tijera al papel.
-Diversidad en la unidad, proclamó el partido esquizoide.
-¿Cuadramos el rombo?, le dijo el círculo al cuadrilátero.
-Hoy ya no se boxea como era necesario.
-La violencia sin sentido consentido carece de sentido.
-! Incívico¡, le dijo el dueño del perro al barrendero que recogía sus excrementos.
-! Blanco! Le gritó la supremacista negra al luchador por los derechos incívicos.
-La psicologia mejorará mucho cuando se suprima la psiquiatría. Sólo tienen que examinar mi caso, dijo el genio demente en una crisis de creatividad.
-Políticos ecologistas obesos pidiendo la abolición de las verdulerías.
-Políticas frenéticas pidiendo la abolición del frenesí
-Contra el frenopático vivíamos mejor, dijo el psiquiatra depresivo
-Dermatólogos melenudos implantando calvas en cabezas huecas.
-Érase una vez un médico que creía curar a alguien.
-Si usted me dice ven me parece una falta de respeto.
-Sin duda quedaron despejadas todas las certezas.
-El día de mañana no será como esperábamos que fuera ayer.
-El mundo se va a la mierda, concluyó el basurero filósofo.
-Meter la basura en la cabeza, dijo el basurero miembro de la RAE
-Con el matrimonio homosexual somos un país mucho mejor, por lo menos ahora se entiende todo.
-Esto es todo por mañana, tras la medicación. Hasta ayer. Buenas atardeceres.
lunes, 27 de febrero de 2017
Segunda carta a mis hijos: a los tres años de vida
A los tres años de vida:
Me he resistido a escribir
esta carta, mis niños rubios de ojos pardo avellana. Quería demorarme hasta que la leyeseis, hijos, vosotros que todavía
ni siquiera sabéis hacerlo, pero no podía esperar a este doble trienio que
ahora alcanzáis, alcanzamos. Ya sabéis decir lo más importante: te quiero.
Habláis a trompicones, inventando extrañas palabras que algún día deberían de
figurar en algún remoto diccionario de ingenios, incluído el oportuno "no cabo" de toda la vida. Todavía os caéis, os tropezáis
con "la raya de un lápiz", como dicen los lugareños, y en
bastantes ocasiones aparecéis gritando y con moratones por todas partes, fruto
de golpes o peleas,riñas siempre sin sentido, enfados y rabietas absurdas pero necesarias para vuestro desarrollo. Gajes de vuestro enormemente
complicado oficio: crecer y aprender, disfrutar de la vida, querer. Ahí es
nada. Algún hijo de puta dijo que vosotros viviríais peor que nosotros: no será
por culpa nuestra, hijos. Tendréis lo más importante que pueda tener un Ser
Humano: la mejor educación posible, la que dan unos padres comprometidos con
vosotros.
Aunque a veces me entran
ganas de pediros perdón humildemente por haberos traído a este mundo de mierda:
hambre, muerte, guerra y salarios de miseria, reflexiono después, cuando os veo
las pequeñas caritas descansando sobre la almohada en vuestra siesta o cuando por el cristal del espejo del coche veo cómo se os cierran los ojitos y cuando, por la
noche, a horas intempestivas para vosotros, justo después de que, exhausto,
termino de contaros la leyenda de los molinos de viento y la infancia inventada
de Sancho Panza, ese disparatado relato del perrito Patán, la absurda historia
de Popeye y Brutus o el huevo Humpty cayéndose del muro, y entonces pienso que
este mundo todavía tiene sentido, porque la vida se tiene que abrir paso a
pesar de todo, a pesar de tanta inmundicia y degradación.
Verdaderamente, ha sido todo un placer el haberos conocido, Álex y Fran, Francisco y Alejandro el mayor placer de mi vida. Aparecisteis un día por casa y ahí estáis, okupas de por vida, pero unos okupas deliciosos, casi digestivos, porque dan unas ganas tremendas de comeros aunque otras veces os mandaría a hacer puñetas, todo hay que decirlo.
Verdaderamente, ha sido todo un placer el haberos conocido, Álex y Fran, Francisco y Alejandro el mayor placer de mi vida. Aparecisteis un día por casa y ahí estáis, okupas de por vida, pero unos okupas deliciosos, casi digestivos, porque dan unas ganas tremendas de comeros aunque otras veces os mandaría a hacer puñetas, todo hay que decirlo.
Quiero deciros todos
los días que os quiero aunque algunos no me dé tiempo, el maldito trajín de
esta vida. Quiero evitar que se repita la nefasta herencia de unas generaciones
maltratadas por el autoritarismo de unos padres que no faltos de amor,
reprimían sus emociones. Por eso, cuando me acuesto contigo, Álex, todos los
días, antes de cerrar los ojos, te recuerdo mi amor. Y a ti querido Fran
también aunque no duermas a mi lado. Reconforta poder decir esas mágicas
palabras sin rubor, con insultante alegría, a unos oídos todavía vírgenes de
sucias inmundicias.
Ya tenéis tres años y
seguís dando miedo: todavía os mostráis torpes, con esas carreritas por el
pasillo como robotizadas, con esos lamparones en el pijama al comeros el yogur,
con esos tortazos cotidianos que tanto nos asustan y esos chichones al caeros
del sofá. Vuestros diálogos son magistrales aunque no se comprendan del todo:
ya habláis, perfectamente, repitiendo cualquier cosa que se os ocurre. Pedís
"una cosita que me cure", o os aplicáis tranquilamente el "cura sana, culito de rana" en vuestros propios cuerpecitos, en la cabeza, brazos o piernas o decís insultantemente a un
desconocido: yo no tengo nombre, con un par, demencia fabulosa propia de
genio delirante. Cuando me afeito, me ayudáis, pasando la cuchilla suavemente
por mi rostro, después, al acariciarme decís: pincha poquito, aquí, ahí… o como tu, Alejandro, asientes con un doble sí mágico a cualquier pregunta que te interese. Ahora estáis en el momento que más gracia
hacéis y podemos todavía moldear vuestros gustos: primero fue el Antiguo
Egipto, que identificabais con la esfinge (que era Tut-Ank-Amón), después Don
Quijote y Sancho, Dulcinea y los gigantes, continuamos luego con las
parejas al bajar las escaleras: Pikachu y Ash, Mortadelo y Filemón, Patán y
Pierre, Pinocho y Gepetto, Zipi y Zape y cualquier otra que os mostraba en
televisión, sois verdaderamente adorables y para nada me molesta que entréis como caballo en una cacharrería por todas partes, hasta al aseo cuando hago pipí.
Sin madrugar, como
locos trasnochadores, os levantáis hacia la tele, la maldita tele, de la que
tanto abusamos, abusáis. Pero estáis ya educados, por vuestra madre, que ha
sacrificado su tiempo y su esfuerzo a vosotros, por vuestros abuelos, que os
conducen dulcemente por vuestros primeros años de vida, apoyándoos, jugando,
dándoos la comida, ayudando en todo lo humanamente posible en estos duros
momentos en el que me ha tocado también cuidar de mis mayores, imprescindibles
seres que os dan lo que les queda de vida, tanta o más como la que os pueda dar
yo, ocupado con tantas ocupaciones laborales y familiares. Tan pequeños, tan
rebeldes, tan simpáticos y tan dulces, tan regañados cuando os viene en gana,
derrocháis el tiempo en armar puzzles, crear corrales insospechados para el
ganado miniaturizado que pastoreáis con vehemencia, garabateando sin piedad
sobre cualquier papel que se os ponga por delante, con cualquier bolígrafo, lápiz,
pintura o tiza que encontráis sin buscarlas, incluso sobre exámenes que
impúdicamente intentáis corregir mientras me despisto más de la cuenta.
Este vuestro tercer año transcurriendo por este desgraciado planeta ha
sido duro para todos, como los anteriores. Todavía está en mi memoria, aunque
el tiempo pasa muy rápido, esos baños en la bañera de plástico, desbordada, que
tenía que montar con sus soportes abatibles en la habitación de Álex porque el
cuarto de baño es demasiado pequeño. Y el agua, que había que transportarla en
un gran balde y después regresarla por un tubito finalmente corroído por la
suciedad. En poco tiempo, parece que una eternidad (nunca sabremos como
transcurre el tiempo, como decía Proust) os duchaba, primero los tres juntos,
en verano, después de uno en uno, con los riñones reventados de agachar y cogeros en peso para secaros. Allí teníais a
vuestros amigos, el Pulpi y el Hipo, con
los que os lo pasabais de rechupete.
O cómo os teníamos que acarrear en brazos cuando no queríais seguir
andando (el carro desapareció de vuestras vidas y de las nuestras, por suerte).
Los paseos por la explanada y el parque, los columpios, en especial los
toboganes a los que os encaramabais finalmente sin ayuda, dejándoos caer en
posiciones inverosímiles o la casita de los gnomos en la calle de las setas
(antiguo San Francisco), los árboles gigantes en Gabriel Miró, el barco pirata
del puerto y tantos otros parques por vivir, por sentir.
Y el sueño, siempre acostumbrados a las hamaquitas de bebé, ya con 15
kilos, tocando el suelo, desparramados sobre el balancín, era vuestro fetiche
para dormir, arriba y abajo, después con cuento incluido. Pero luego, ahora ya,
en la cama, separados, como divorciados en sueños, necesitáis nuestra presencia
a vuestro lado, cogiéndote la mano Álex, con cualquier cuento inventado que
asumes sin rechistar, con tu mantita y la chufa
en la boca, manía difícil de suprimir, a veces la noche se nos echa encima y
despierto a las tantas porque no paras de moverte, inquieto en sueños igual que
en vigilia.
Así transcurre y ha transcurrido todo este tiempo magnífico y agotador. Ahora nos gustaría que no cambiaseis nunca, que
os detuvieseis ya, porque se os entiende todo: si os duele algo ya decís dónde
tenéis el “coco”, hace mucha gracia
cuando decís: “estoy muy triste” cuando se marchan los abuelos o al repetir:
eres malo, eres feo, confundiendo
malo con feo, bueno con guapo y, en fin, discutiendo tan pequeños las órdenes
de los superiores: no grites papá, cuando en un momento de estrés elevo
en exceso el tono. Sois dos, con diferentes personalidades, diferentes gustos y
diferentes rostros, aunque todo el mundo os confunda todavía, incluso yo cuando
no os tengo cara a cara. Creceréis y llegaréis lejos en la vida si vuestro
tronco se yergue recio y robusto, hacia el cielo. Estaremos, mientras sea
posible, en ello. Seguimos en la lucha. Ya sabéis de sobra que os quiero,
hijos.
Vuestro Padre, Luis.
30-03-17
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