Aturdido todavía por las circunstancias, Javier, Javi, se mostraba dispuesto a lograr sus objetivos. El lugar incorporaba sutiles espacios para amortiguar sus pensamientos más destructivos. Una casa en la que todavía se mantenía el papel en las paredes, un mobiliario antiguo ( que no anticuado) y algunos matices de modernidad en los rincones, en donde estratégicamente se disponían diversos pufs para recostarse mientras uno podía contemplar tan acogedor espectáculo.
Le había llamado indignada, soltando verdaderas diatribas contra el director, pero dispuesta, o eso creía él, a acordar unos sencillos pero firmes puntos de los que ambos eran partícipes: dureza, disciplina ante todo y ante todos, coherencia para abordar los retos que se les venían encima. Se debían mostrar muy enérgicos para imponer la nueva situación, evitando cualquier desvío, cualquier salida de tono que desbaratara verdaderamente sus peliagudos propósitos.
En muchas ocasiones Valeria había tratado de conllevar sus situaciones haciendo caso a aquellas aburridas normas de convivencia. El aula, los partes, aquellos expedientes. Pero ahora se mostraba implacable. Creía llegado el momento para establecer su dictadura educativa, aunque era consciente de que, por el momento, no contaba con las suficientes fuerzas dentro de aquella anarquía en que se había convertido el centro de trabajo. Ahora sus pensamientos se dirigían a conseguir algún apoyo, aunque fuera el de un triste profesor de filosofía. Ella siempre lo había tenido por un pusilánime. Pero había descubierto, con el paso del tiempo, que detrás de aquella máscara se escondía una persona retraída y acomplejada, sí, pero muy capaz de imponer su visión de la jugada. Era el compañero perfecto para su proyecto definitivo.
Javi, Javier, esperaba en el suelo y meditaba convencido de poder contenerla. Sabía de sus intenciones y estaba convencido de la necesidad de un nuevo orden que cambiara para siempre su situación. No ansiaba el poder solamente por el sueldo y la notoriedad sino por lograr de una vez por todas, quizás la primera y la última, alcanzar algún objetivo auténtico en su vida...
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