viernes, 28 de febrero de 2014

Una nota en el bolsillo

   Algunas veces lavamos la ropa y nos dejamos algún papelito en un bolsillo que sale casi pulverizado, doblado, las letras apenas perceptibles. Es como una nota rota en mil pedazos pero pegados formando una amalgama que, con el secado de la ropa, aparece dura y amorfa. Eso me sucedió aquel verano de 1998 y las consecuencias pudieron haber sido más dramáticas de lo que de por sí fueron. Lo cierto es que no eché en falta durante unos días un pequeño papel en el que había anotado el argumento de un relato, solo un apunte, un esbozo sutil en el que aparecía la palabra repulsión. Lo supe porque cuando encontré la nota deformada y rota en el bolsillo, al intentar abrirla cuidadosamente por un lado observé dos sílabas, "re" y "ón". Era lo único que quedaba de la misiva que yo mismo había apuntado justo antes de volver a la cama después de haber tenido una pesadilla. En aquella época actuaba así: cualquier cosa que soñaba o, mejor dicho, que aparecía en el sueño como una desagradable pesadilla, la apuntaba en lo primero que tenía a mano.

    La nota acabó en la papelera de acero que está justo debajo de mi escritorio y no volví a dar importancia al asunto. Recordé la palabra "repulsión" y continué escribiendo una breve reseña sobre una película de Polanski, ahora no recuerdo cual. Fue en ese mismo instante cuando descubrí que, en mi pesadilla, había imaginado haber visto la película que todavía no había visto, a saber, Repulsión, una de las obras cumbres del genio polaco.  La nota estaba entonces escrita antes de que yo viese la película, de que ni siquiera supiese de su existencia pues cayó en mis manos días después cuando fui al videoclub y la alquilé. He de decir que la reseña de la película era bastante positiva y que, ahora que lo pienso, era esa la película que soñé haber escrito en la nota.

    Pero semanas más tarde, desperté en la noche tras una nueva pesadilla en la que aparecía una persona escribiendo en pequeñas notas la palabra repulsión, pegándolas cuidadosa y repetitivamente en una pared que se cubría de color amarillo por la acumulación de notitas. Sobresaltado fui raudo a mi despacho buscando en la papelera y descubrí asombrado que la amalgama de papel no estaba allí ya. Nervioso, traté de volver a dormir y al no conseguirlo puse una lavadora. Al día siguiente la ropa quedó completamente seca en el balcón que da a Treinta de Marzo. Serían las dos y pensaba bajar a la tienda de ultramarinos a por algo rápido, quizás unos callos. Cogí el primer pantalón que se había secado y me lo puse, traté de asearme y bajé a la calle. En la tienda pagué con mi tarjeta de crédito y la cajera me entregó un papelito que introduje casi por instinto en el bolsillo posterior izquierdo del vaquero. Entonces toqué algo áspero, como desmenuzado. Efectivamente: era una nota. Alarmado, salí rápidamente acera abajo, giré la esquina y subí al apartamento. En la mesa de aglomerado, ya despejada, deposité el contenido del bolsillo pero lo único que pude encontrar fue "pul" y "si".

   No pude comer, estaba totalmente paranoico, un desagradable dolor de estómago acudió a mi encuentro. ¿Qué estaba pasando?. ¿Estaba despierto de verdad o me hallaba dentro de una pesadilla en la que, de una manera circular, aparecía la palabra repulsión y después, de manera fragmentaria, como la memoria, aparecían letras sin sentido que formaban esa palabra?. Pero no podía ser así, yo estaba despierto. La crítica a la película estaba redactada en mi ordenador portátil. ¿Acaso era sonámbulo y había escrito sin darme cuenta?. Bajé al videoclub y pregunté por Polanski. Mi sorpresa aumentó cuando el dependiente dijo que nunca habían tenido ninguna película anterior a 1995, ya que la gente no tenía ningún interés por los clásicos pero que en el centro de la ciudad tenían una sucursal en la que sí podía conseguirla, estaba seguro. Salí a la calle un tanto desorientado y caminé bajo el ardiente sol veraniego. Sin darme cuenta llegué a Topete y bajé a la playa. Sudando, casi al borde de la deshidratación, absorbí un limón granizado sin degustarlo. Después quedé un rato un tanto confuso, en un banco enfrente de una escultura de bronce de una mujer. Viendo su belleza casi caí en un ensueño del que me desperté en el hospital, unas horas después, a consecuencia de una grave insolación.

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