Triste y desangelada tarde de libretas, de esperanzas frustradas, de deseducación.
El profesor corrige apático aberraciones que supuran como la pus mugrienta,
pierde su tiempo, irrecuperable, volátil, deforme, un tiempo de mugre y pesadez.
Ellos redactan ambiciones perturbadoras, creadas en su intelecto por otros, por
los sádicos pensadores de la irresponsabilidad, de la vergüenza nacional.
Triste y desangelada tarde de libretas, de rupturas sinópticas y pérdidas neuronales
irreparables, de cortos entendimientos, cómplices de la dictadura de las masas.
Lucen resplandecientes con vivos colores, manchas deformes y pavorosas de tinta,
escurridiza, mediocridad ganada a plazos, como adicción al crack de la vergüenza.
Triste y desangelada tarde de libretas, después del sueño interrumpido, vaciado de
toda ilusión de triunfo, adelantándose al viciado final, a la repugnante ira de una
sociedad impía, insensible, sin tregua, desarbolando esperanzas de juventud
vacía y jovial, ignorante de su expatriado porvenir, el único ya posible.
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