
Buenos días, tardes o noches, no se muy bien que hora es puesto que llevo dos días encerrado en mi casa con las persianas bajadas. El único reloj que llevaba en la muñeca izquierda se cayó al suelo hace como un mes y no ha vuelto a funcionar. El resto de aparatos móviles y ordenadores los he inutilizado a propósito para que nadie me pueda localizar. Creo que voy a buscar el momento propicio para salir. Mejor por la noche. Escaparé de mi casa porque el hedor a cadáver es ya insoportable. Mirando por la mirilla de la puerta principal del tercer piso de la calle Hospital podré saber cuándo es de noche. Además el hambre provoca en mi estómago una serie de ruidos y dolores casi insoportables. He matado a mi mujer. Lo hice ayer después de dejarla inconsciente por un golpe en el cráneo. Fue muy desagradable porque no solo salió un enorme chorro de sangre, como disparado, hacia arriba y en todas direcciones, sino que los sesos han impregnado el pasillo que lleva al comedor, justamente cuando ella llevaba en una bandeja su desayuno, compuesto de un vaso de leche caliente con galletas. Para mi no había nada. Tal era el respeto que esa zorra me tenía. El día de antes de mi regreso al piso había invitado a mi casa a un joven bien parecido, un impresentable niñato diez años menor que ella y habían follado en mi cama de matrimonio. Cuando llegué los pille dándose una ducha en el baño, los dos juntos, follando como perros. Cuando ella notó mi presencia trató de secarse, echar rápidamente al niñato y venir al comedor a darme explicaciones. Pero no había nada que explicar.
Me llamo Pedro y lo he tenido que hacer. No había elección. ¿Quién se había creído que era la hija de puta esta?. Hace un mes que vivo en una pensión del extrarradio porque me dijo que lo nuestro había acabado. Con dos cojones. Que se había cansado de mi, de mis extravagancias ( a escribir le llama extravagancia), que prestaba más atención al teclado que a ella, que lo nuestro había terminado. Llevábamos tres felices años casados hasta que la muy zorra va y me dice que se había terminado. Esa no es forma de tratar a alguien que se lo ha dado todo: que traía el dinero a casa, a pesar de estar en paro desde hace 2 años, mis apaños hacía, mis chanchullos ayudando a un amigo a distribuir maría. Ella, sin embargo, no movía un dedo. En paro desde hacía 5 años, ni siquiera madrugaba para ir a comprar, tenía la casa manga por hombro y, por supuesto, no había buscado trabajo desde hacía siglos. Era yo el que sostenía su insostenible manera de vivir. Porque ella no se privaba de nada, faltaría más. Derrochaba y derrochaba cual políticucho de tres al cuarto. Y un día va y me dice que se ha enamorado de un hombre que la trata mejor que yo.
Ella se llamaba Beatriz, como en el cuento de Dante y ese día había puesto en la escalera todas las cosas más preciadas. Me había llamado por teléfono y me había dicho que fuese a mi casa. Cuál sería mi sorpresa cuando veo un cajón con mis libros, los más queridos, y ropa, mucha ropa. Intenté entrar sin llamar y la muy desgraciada estaba follándose al hijo de puta en la ducha. No se porqué no los maté allí mismo. Pero le permití salir del piso casi en pelota. Ella, llorando, me dijo que no volviera más, que todo lo mío estaba en el pasillo del descansillo del edificio. -Y una mierda, le repliqué. Esta casa es mía, la compré yo y la he pagado yo porque tu, desde hace 4 años no aportas nada, vives de prestado en mi casa.
Le remarqué que la casa era mía y que no se le ocurriera cambiar la cerradura o la denunciaría. Como ya estaba dentro decidí quedarme, hacer presión para que la guarra decidiera abrir la puerta blindada y se largase por sus propios medios. Pero nada, ella se quedó allí, mirándome, chuleándome, burlándose de mi, incitándome a tener sexo con ella, me sacaba la lengua y hasta hacía gestos libidinosos con algunas frutas. Yo me metí en mi cuarto y me encerré allí. Pasé la noche sin dormir hasta la mañana fatídica de los hechos. Cuando levanté ella se paseaba desnuda, provocandome o mejor, hiriendo mi sensibilidad. Ella sabía de mis problemas de erección desde hacía un año. Un síndrome de no se qué me impedia ponerme duro aunque se me pusiera delante la mismísima Charlize Theron en tanga. La muy zorra me provocaba, iba por el pasillo como desfilando por una pasarela para humillarme más y más. Entonces no pude más. Hice lo que se merecía. Ella cogió su bandeja de desayuno y yo cogí el martillo más grande que había en la galería, encima de la lavadora, en la caja de herramientas. Sin mediar palabra clavé en su cráneo con todas las fuerzas que tenía, con un odio infernal que desconocía, una fuerza fuera de lugar. Le hinqué la parte que saca los clavos, la más afilada y aquelló pegó un reventón espectacular. Yo mismo me manché de sesos y sangre. El muñeco cayó boca abajo.
No sentí nada en particular. Solo que un peso muy pesado se había ido para siempre. Me sentía ligero, sin remordimientos, ¡¡que cojones¡¡, era lo que se merecía. Arrastré el cadáver desnudo hasta la bañera y allí lo dejé. Limpié lo que pude porque el olor a sangre y sesos es muy desagradable, deja un ambiente agrio, como a cítricos podridos. Casi tanto más que la podredumbre de un cuerpo en descomposición. Utilicé lejía y agua y el suelo lo sequé incontables veces, fregándolo sin descanso. Después me deshice en bolsas de basura del mocho y el cubo. Los trapos y demás productos que usé para dejar niquelado el pasillo también lo apelmacé en una gran bolsa de basura.
Ahora me toca deshacerme del cadáver pero estoy reventado y me voy a acostar. Antes voy a cerrar la puerta del baño a cal y canto y a poner algo que impida que el olor llegue al resto de la casa. Me voy a dormir, creo que voy a dormir bien por primera vez en muchos años, he hecho lo que debía de haber hecho hace mucho tiempo.
Imagen: el santuario del rock.com
Ahora me toca deshacerme del cadáver pero estoy reventado y me voy a acostar. Antes voy a cerrar la puerta del baño a cal y canto y a poner algo que impida que el olor llegue al resto de la casa. Me voy a dormir, creo que voy a dormir bien por primera vez en muchos años, he hecho lo que debía de haber hecho hace mucho tiempo.
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