lunes, 20 de octubre de 2014

Microcuentos III

RECORDARLO

Recordarlo para poder saborear, paladear su victoria. Vivirlo como si de verdad lo hubiese vivido y recordar. Esa era su ansiedad, su deseo. Acordarse, recordar aquella vida.

VIDA

Vida sin freno. Luis había vivido por encima de su propia posibilidad de autoengaño. Era megalómano y había llegado a creer que era alguien importante. Un día, de madrugada, se durmió precipitadamente y recordó en sueños quién había sido realmente.

REALMENTE

Realmente sabía el origen de aquel chasquido. Era un hombre elegante, como él, pero no tan sincero como para admitir que había venido para liquidar su último aliento.

ALIENTO

Aliento agrio, sudor frío, ojos vidriosos, enrojecidos. Era el resultado de aquella noche sin límites que los había conducido al apartamento.

APARTAMENTO

Apartamento con vistas. Treinta metros cuadrados con ducha. Verano tórrido frente a la playa. Arena rebozando sus coloradas pieles. Ansiosa espera. Sexo a la luz de la luna. Todo eso en unos cuantos minutos.

MINUTOS

Minutos de alegría. Momentos de difícil expresión. Perplejidad ante una nueva vida a la que alimentar, cuidar y amar. Todo eso y mucho más sentía Mar cuando dejaron a la pequeña, recién lavada, encima de su pecho.

PECHO

Pecho frío. Javier había agarrado un fuerte resfriado.  Calculó mal la distancia desde el portal de su casa hasta el coche, tres calles atrás. Quizás debí dejarlo a un metro de la puerta, pensó. Esto te servirá de escarmiento, se decía. No volvería a intentar caminar por la ciudad.

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