miércoles, 15 de octubre de 2014

Microcuentos II

PREDECIBLE

Predecible era la vida, la libertad, el amor. Pero toda aquella certeza se tornó improbable presidio, odio y  muerte.

MUERTE

Muerte dulce, esa muerte que todos desearíamos. Siempre deseó eso, morir en paz. Y aunque parezca un milagro finalmente logró vivir.

VIVIR

Vivir, sufrir, alegrarse por lo vivido y sufrido. En ello se basaba su existencia. En definitiva ser feliz.

FELIZ

Feliz estaba aquella mañana de primavera cuando descubrió el gran misterio. Había encontrado, casi por casualidad, a aquella persona que constituía la última pieza del rompecabezas de su enigma personal.

PERSONAL

Personal de vuelo, embarque por la tres. Esas palabras, escuchadas por todos en el aeródromo, le dejaron frío. Sólo el sabía que aquel avión llevaba en sus entrañas el explosivo que acabaría con tantas esperanzas. Y, sin embargo, nada podía hacer porque mudo de la impresión, paralizado, había quedado al conocer los planes de aquel ruín ser humano.

HUMANO

Humano y can, can y humano, paseaban alegres por la pradera del Parque Central. Entonces ocurrió aquello. El perrito hubo de abandonar a su dueño. El dueño hubo de marchar con su nuevo amo.

AMO

-Amo todo aquello que merece ser la pena amado. Pero por encima de todo amo el afán de conocimiento, de búsqueda de mi verdad. Y entonces, mientras pronunciaba aquellas palabras ante el auditorio pensó, tal y como había hecho en otras ocasiones, que quizás su verdad era una gran mentira.

MENTIRA

Mentira o verdad, lo cierto es que McGovern dió con sus huesos en la cárcel de máxima seguridad. Quizás no hubiese robado aquel camión blindado pero era altamente probable que hubiese dejado las llaves encima del mostrador. Sin embargo, ni siquera el mismo era capaz de recordarlo.

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