lunes, 26 de noviembre de 2012

Pesadilla 1: La Catedral.



   En el viejo AX de mi padre, todavía útil a pesar del accidente que me acercó a la muerte por primera vez, me dirijo a un lugar indeterminado de callejuelas intrincadas. Surgen enormes dificultades para atravesar algunos de estos callejones. La noche es cerrada y la luz verdaderamente tenue. Finalmente me introduzco en la catedral. A pesar de la oscuridad se perciben ciertas ráfagas luminiscentes que me advierten de que estoy en un lugar abandonado. La iglesia está parcialmente destruida, solo restan algunos fragmentos marmóreos en el suelo, estoy a punto de tropezar. Las bóvedas y las nervaduras dejan ver el cielo encendidamente brumoso. Todo está prácticamente arruinado. De repente noto una sensación extraña, quasi diabólica. Hay alguien, no estoy solo. Corro desesperadamente en busca de un rincón en el que ocultarme, o acaso una salida. Adivino una sombra detrás, pisándome los talones. La catedral es inmensa, es más grande que cualquier otra  catedral que el ser humano hubiese podido jamás levantar. Las naves no tienen fin, se alargan hasta el infinito y no aparece por ningún lado la girola. El agotamiento comienza a hacer mella en la velocidad. El corazón late a gran velocidad, está a punto de estallar, noto los latidos en el cráneo, corro con la boca abierta, tratando de ganar un ápice de oxígeno que me permita continuar mi huida. Sin embargo una debilidad extrema se apodera de mi ser. Debo parar extenuado y descubro, tras un pilar al ser monstruoso que trataba de darme caza.Decido no hacer nada, el terror paraliza cualquier músculo del cuerpo.


   Sin saber muy bien como me he trasladado a la Edad Media. Ya está amaneciendo y la catedral no está en ruínas, sino que está en contrucción. El ábside no aparece, sólo se ven pequeños arbustos, como si la iglesia estuviese abierta de par en par a la naturaleza. La sensación es de desasosiego. El ser opresor ha desaparecido. Una puerta pequeña chirría, aparece la figura de un monje y, tras ella, una mujer. Parece que es una campesina, por lo desarrapada que se encuentra. Intento ocultarme tras unos andamios, pero soy consciente de que todos saben que estoy allí, es como si hubiese entrado en un bucle espacio-temporal y estuviese atrapado. ¿Qué puedo hacer?. Necesito encontrar la salida, algún rincón que me conduzca de vuelta a 1999. Pero el ambiente está muy enrarecido. Se me acerca lo que parece ser una mujer muy oronda. Brutalmente gorda y fofa, pero descubro que se trata de un hombre. Esta persona se insinúa, parece que quiere algún tipo de contacto homosexual. Le aseguro el trato si me conduce a la salida del lugar. 
   El momento ha pasado, estoy en una estancia sucia, llena de insectos de gran tamaño. La sensación de repugnancia va en aumento. Estoy solo, tumbado en el suelo, empiezo a delirar, ¡¡no es posible¡¡. Definitivamente, debo estar delirando....

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