viernes, 10 de mayo de 2013

Star 6,35 mm. 20:30

  

 Pistola Star 6,35 mm. o de calibre 22, 20:30 horas del 29 de Marzo de 1956. La hora es aproximada, pero por redondear lo dejaremos a las 8 de la tarde. Dos hermanos, uno de 18 años, con varios meses de instrucción militar en la Academia de Zaragoza y el otro, adolescente de 14 años. El primero empuñará el arma y disparará al segundo, matándolo de un tiro en la cabeza.

   Su familia,  importante y de rancio abolengo en la Historia de un vetusto país, alarmada por el disparo, acude al piso superior del palacete. Allí encuentran al pequeño con la cara destrozada y desangrándose en el suelo. Su cráneo ha sido atravesado por la bala asesina en una trayectoria que, en diagonal, atraviesa la nariz para salir por detrás del cráneo. La muerte es casi instantánea. El joven de 18 años, militar por imposición, ha realizado el disparo. Su padre le hace jurar ante una bandera de España que no ha disparado a propósito, sino que ha sido un accidente trágico. 

  La versión oficiosa será que la pistola se ha disparado sola, en un accidente lamentable. Pero no se investiga, no hay autopsia, solo un médico certifica la muerte. Rápidamente se celebran las exequias y ni siquiera se informa inmediatamente del suceso. Tan solo se dirá que el joven adolescente ha muerto a consecuencia de un accidente  mientras  manipulaba un arma. Todo es una gran patraña para ocultar que el hermano mayor, experto en armas, ha asestado un disparo a la cara de su hermano menor, acabando con su vida. Pero hay que ocultar la realidad puesto que este joven de 18 años tiene una misión en su vida de gran trascendencia. Deberá ser el sucesor de un dictador, un sanguinario dictador que arrebató a su pueblo la libertad y que masacró a la poca oposición que no huyó a tiempo después de una cruel guerra. No conviene sembrar dudas acerca de la honorabilidad del joven, futuro jefe de Estado.

  Pero, si sabemos que la versión oficial es falsa, ¿por qué nadie ha investigado el caso?.   La muerte de su hermano jamás se investigará, no se podrá acceder a su cadáver para realizarle las oportunas pesquisas forenses ante una muerte violenta, cubriendo el suceso con un manto de olvido y no se puede ahora porque ese personaje tan importante es ininmputable, es el único ser en toda la nación que no puede ser investigado. Y eso es ley, está por escrito en un papel que sirvió para su propia legitimación. 

   Cierto es que el homicidio podía ser accidental, siendo entonces un homicidio imprudente. Ello nos llevaría a otras hipótesis, algunas más acomodaticias, como que el descuidado cadete militar tuviera la sangre fría de empuñar un arma y apuntar a la cabeza de su hermano y que el arma se le disparara sin querer. Sigue siendo, no obstante, el causante de una muerte violenta. Aunque se le quiera llamar accidente, no es ni más ni menos que un homicidio imprudente. Ello si aceptamos la hipótesis después difundida por los hagiógrafos del capitoste, los aduladores del heredero del dictador. 
    Porque, ¿quién nos puede asegurar con total certeza que esta última versión oficial sea verdadera?. ¿Por qué creer en ella y no caminar sobre la tesis de un homicidio?. ¿Por qué dijeron que el muerto se había disparado accidentalmente cuando después aseguraron que su hermano, heredero de un dictador, había apretado el gatillo por accidente?. El homicidio cambiaba muchas cosas, hay que pensar que eliminado su hermano se quitaba un posible rival en su carrera política, en su apetencia de poder y en la posibilidad incómoda de tener una espada de damocles encima esperando su caída para ocupar su lugar, para usurpar lo que ya era suyo por mor de la voluntad del asesino jefe del gobierno.

  Porque, en un momento dado, este incómodo hermano podía ser el recambio, apoyado por diferentes grupos de presión política, que sustituyera, depusiera, detuviera y encarcelara o bien, exiliara, al joven ávido de poder, sustituyéndolo en la cúpula del poder. Con su desaparición terminaba esa posible incertidumbre para el presunto homicida.

   Otras posibilidades, los celos terribles que tenía el hermano mayor del pequeño. En una mente todavía inmadura, aunque 18 años y varios meses de disciplina militar estricta hacen madurar a cualquiera, podía albergar ese sentimiento de envidia por ser su hermano el preferido de su padre. Unos celos patológicos, una envidia primaria y cruel, que llegara al extremo de matar a su hermano. Una vuelta al mito de Caín y Abel, de Rómulo y Remo, pero en una aristocrática familia de mediados del siglo XX. ¿Pudieron ser los celos el causante del disparo, siendo por tanto, en este último caso la causa de  un asesinato?. Es una posibilidad que no se debe descartar.
  Después, al no aclararse jamás del todo el suceso, pueden surgir nuevas hipótesis. Porque cuando lo que se hace es tapar un acontecimiento luctuoso de esta magnitud, poco queda que decir. Siempre estará ahí, la duda, la conspiración, la trama, el  misterio. 

  La historia comienza en Estoril, en una lujosa mansión. Toda la familia regresa de un servicio religioso en pleno Jueves Santo. Los dos hermanos suben al primer piso y el resto de la familia se encuentra en la planta baja. Al llegar arriba el hermano mayor, el posiblimente aunque poco creíble inmaduro, coge la pistola, regalo de su padre, con la que ambos habían estado disparando a las farolas de la calle en días previos, con la permisividad de sus irresponsables padres.  
   Una vez que la tiene en sus manos, la carga y elimina los seguros que disopone. Obviamente tiene intención de disparar, de usarla. Si no fuese así no hubiera eliminado los seguros y cargado el percutor.  ¿Qué macabro juego piensan hacer los hermanos para tener una pistola cargada y lista para ser detonada?. ¿Están los dos hermanos en esto o es cosa únicamente del que va a disparar después?. De ser así, o es un verdadero mentecato irresponsable, que va a bromear , a gastar una pesada broma a su hermano poniendo en peligro su propia vida o estamos ante un auténtico homicida, ante un frío y calculador asesino. Nunca se sabrá. 

   El misterio quedará para siempre enterrado en ese primer piso de la villa, de la lujosa mansión en la que un  Jueves Santo de 1954 desapareció una vida y continuó otra por obra y gracia de una Star del calibre 22. La historia de una vetusta nación pudo haber dado un giro de 180º. ¿ Y si el que hubiese cogido el arma hubiese sido el pequeño?.¿Y si hubiese destrozado el cráneo del joven de 18 años preparado para asumir destinos inimaginables por él en aquel instante?.

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