jueves, 1 de octubre de 2015

Felicidad

    Me busco pero no me encuentro. Me busco pero no me encuentro. En este momento me estoy buscando y me están buscando o eso espero. Temo mi propio temor, quizás lo más terrible de todo. Pero he de ser fuerte y espabilar. Y vaya si espabilaré...saldré a pasear, abandonaré esta prisión permanente, este arresto irracional. Veré la luz, sí, la veré y volveré a  ver a los míos, a mis sobrinos, a mis queridos camaradas de partida, a mis clientes, iré al cine...seguro que sí. Desconozco verdaderamente cuanto tiempo he permanecido encerrado aquí. Es posible que se hayan marchado y esté solo, con lo cual, en el mejor de los casos podría resistir una semana. Tengo tres botellas de agua y un pequeño puchero con patatas y acelgas. Es lo último que me dejaron. Lo que no soporto es el olor. Soy alérgico a esta podredumbre. Me paso el día estornudando, mi garganta va a estallar, necesito antiinflamatorios y, probablemente, antibióticos. Toso mucho y este olor...me repugna. En mi antiguo hogar, antes de estar aquí (parece que ocurrió hace muchos años) no aguantaba mucho dentro del lavabo...ahora vivo en él. Nadie ha limpiado nunca este ponzoñoso rincón escondido. 

   Tengo esperanza, porque tengo un plan. He creído conveniente elaborar un plan. Lo tengo todo en la cabeza. He recreado en mis largas noches (o días porque no lo puedo adivinar del todo, a no ser porque oigo remotamente los sonidos de los pájaros) un mapa. He pensado que estoy en el interior de un edificio extraño, vacío, quizás una de esas obras a medio terminar antes de que estallara la burbuja. Lo cierto es que no recuerdo en qué momento llegué aquí. Me veo por la noche bebiendo un gin-tónic, el tercero o cuarto. Después recuerdo haber salido a la calle a vomitar y sentarme mareado en un escalón, solo. Es posible que me diera un vahído y me durmiera. Ahora recuerdo que estaba en una calle estrecha, lateral a la discoteca, nadie pasaba por allí y hacía mucho frío, era fin de año, era principio de año nuevo. Me pasé con la bebida, llevaba mucho tiempo bebiendo sin sentido. Lo hacía mecánicamente, quizás para sumergirme en otra realidad, quizás para escribir o que tuviera alguna inspiración nueva. Desde que publiqué mi primer libro había intentado encontrar un tema, un asunto,  un motivo. Pero no lo hallaba, bien al contrario, me sentía atenazado, odiaba escribir. Entonces bebí, bebí mucho. Tanto que tuve una crisis hepática. El médico me aconsejó reposo, sobre todo mental. Pero no le hice caso. 

   Muchas noches cogía el coche y conducía hacia el primer lugar que pensara, sin planificar nada. Al llegar a ese pueblo o lugar buscaba un bar o discoteca y bebía. En uno de aquellos lugares encontré a Felicidad. Así se llamaba aquella bonita y joven chica con el pelo liso y corto con la que acabé aquella misma noche en  una pequeña habitación en un piso compartido. Era extranjera o al menos eso me dijo. No recuerdo su cara, se ha difuminado, solo esos ojos que me llamaban en sueños, cuando conseguía dormir en este infestado suelo. Ella era toda mi esperanza y sin embargo solo fui capaz de verla una vez. Cuanto daría por saber cuál fue su pasado: si acabó la carrera, si encontró la pareja ideal, si consiguió trabajo y encontrarse a sí misma. La amé, estoy seguro. Ahora mismo la sigo amando y la recuerdo, difuminada. 

   Cuando pierdo toda esperanza de abandonar este lugar pienso en ella y en aquel amor furtivo que duró una fracción de mi vida. Debo salir para encontrala y preguntarle qué fue de ella, qué vida vivió mientras yo no vivía. Si, ahora la veo. Esta con sus hijos y su marido, paseando cogidos de la mano por la playa. Es verano y han alquilado un apartamento en la costa brava. Están bañándose y ven a lo lejos un pequeño barco metálico, una ruina flotante, un viejo mercante varado. Ese mercante soy yo. Quiero avanzar pero el ancla me lo impide. Estoy atrapado y pronto llegará de nuevo el invierno y las mareas me escupirán hacia las rocas haciéndome añicos. Pero todo puede cambiar si logro evadirme de este infierno asqueroso. Al principio pensé en gritar, en hacer ruido de cualquier forma, pero no tengo voz. La he perdido y quizás jamás regrese. Podría hacer ruido con el orinal pero no me apetece esparcir más el olor.

  Veamos: la habitación tiene más o menos dos por dos metros y mide también lo mismo hasta el techo. Parece casi un cubo solo que asquerosamente mugriento, sucio y lleno de imperfecciones y rugosidades en sus paredes. Como ya no hay nadie puedo intentar poner en marcha la estrategia. Mi idea es quedarme inmóvil durante una hora y coger las máximas fuerzas posibles. He perdido masa muscular pero no ósea y mi cabeza es quizás el conjunto de huesos más fuerte de mi cuerpo.


      Lanzaré un terrible cabezazo hacia la pared por donde me pasaban la comida. Con suerte, después de unos minutos semi-inconsciente habré logrado abrir alguna grieta en ella, sobre todo si, como pienso, el ladrillo no es superior a los quince centímetros. Quizás el cráneo se me abra y pierda abundante sangre pero todavía recuerdo aquel golpe contra el muro de la escuela, al poco tiempo de aprender a montar. Mi cabeza debe ser muy dura si es que la solidez permanece indeleble en la osamenta humana. Podría estar enloqueciendo pero mi muerte por inanición será espantosa. Pienso en algunas imágenes de televisión o en aquella chica que murió de anorexia. Estaré loco, pero he de intentarlo a cualquier precio. Me voy a sentar en el rincón opuesto al de todos esos excrementos secos. He de tener fe, yo que siempre fui un agnóstico militante. Fe en algo, siquiera en la ley de la gravedad y en la dureza de los materiales. Estoy seguro de conseguirlo...lo lograré. Solo espero que mis cálculos hayan sido correctos. Y después recuperaré mi vida...volveré a vivir después de este abandono, después de que nadie pagara mi rescate y que los secuestradores me dejaran morir de hambre. Dentro de unos minutos estaré preparado para recibir el terrible impacto, el dolor, el mareo y  quizás, más tarde, la libertad. Creo firmemente que, a través  ese asqueroso boquete se vislumbra un lívido haz luminoso. Ahora o nunca, mi vida depende de ello.Lo voy a hacer...ahora¡.   

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