Me busco pero no me encuentro. Me busco pero
no me encuentro. En este momento me estoy buscando y me están buscando o eso
espero. Temo mi propio temor, quizás lo más terrible de todo. Pero he de ser
fuerte y espabilar. Y vaya si espabilaré...saldré a pasear, abandonaré esta
prisión permanente, este arresto irracional. Veré la luz, sí, la veré y volveré
a ver a los míos, a mis sobrinos, a mis queridos camaradas de partida, a
mis clientes, iré al cine...seguro que sí. Desconozco verdaderamente cuanto
tiempo he permanecido encerrado aquí. Es posible que se hayan marchado y esté
solo, con lo cual, en el mejor de los casos podría resistir una semana. Tengo
tres botellas de agua y un pequeño puchero con patatas y acelgas. Es lo último
que me dejaron. Lo que no soporto es el olor. Soy alérgico a esta podredumbre.
Me paso el día estornudando, mi garganta va a estallar, necesito
antiinflamatorios y, probablemente, antibióticos. Toso mucho y este olor...me
repugna. En mi antiguo hogar, antes de estar aquí (parece que ocurrió hace
muchos años) no aguantaba mucho dentro del lavabo...ahora vivo en él. Nadie ha
limpiado nunca este ponzoñoso rincón escondido.
Tengo esperanza, porque tengo un plan. He creído
conveniente elaborar un plan. Lo tengo todo en la cabeza. He recreado en mis
largas noches (o días porque no lo puedo adivinar del todo, a no ser porque
oigo remotamente los sonidos de los pájaros) un mapa. He pensado que estoy en
el interior de un edificio extraño, vacío, quizás una de esas obras a medio
terminar antes de que estallara la burbuja. Lo cierto es que no recuerdo en qué
momento llegué aquí. Me veo por la noche bebiendo un gin-tónic, el tercero o
cuarto. Después recuerdo haber salido a la calle a vomitar y sentarme mareado
en un escalón, solo. Es posible que me diera un vahído y me durmiera. Ahora
recuerdo que estaba en una calle estrecha, lateral a la discoteca, nadie pasaba
por allí y hacía mucho frío, era fin de año, era principio de año nuevo. Me
pasé con la bebida, llevaba mucho tiempo bebiendo sin sentido. Lo hacía
mecánicamente, quizás para sumergirme en otra realidad, quizás para escribir o
que tuviera alguna inspiración nueva. Desde que publiqué mi primer libro había
intentado encontrar un tema, un asunto, un motivo. Pero no lo hallaba,
bien al contrario, me sentía atenazado, odiaba escribir. Entonces bebí, bebí
mucho. Tanto que tuve una crisis hepática. El médico me aconsejó reposo, sobre
todo mental. Pero no le hice caso.
Muchas noches cogía el coche y conducía hacia el
primer lugar que pensara, sin planificar nada. Al llegar a ese pueblo o lugar
buscaba un bar o discoteca y bebía. En uno de aquellos lugares encontré a
Felicidad. Así se llamaba aquella bonita y joven chica con el pelo liso y corto
con la que acabé aquella misma noche en una pequeña habitación en un piso
compartido. Era extranjera o al menos eso me dijo. No recuerdo su cara, se ha
difuminado, solo esos ojos que me llamaban en sueños, cuando conseguía dormir
en este infestado suelo. Ella era toda mi esperanza y sin embargo solo fui
capaz de verla una vez. Cuanto daría por saber cuál fue su pasado: si acabó la
carrera, si encontró la pareja ideal, si consiguió trabajo y encontrarse a sí
misma. La amé, estoy seguro. Ahora mismo la sigo amando y la recuerdo,
difuminada.
Cuando pierdo toda esperanza de abandonar este lugar
pienso en ella y en aquel amor furtivo que duró una fracción de mi vida. Debo
salir para encontrala y preguntarle qué fue de ella, qué vida vivió mientras yo
no vivía. Si, ahora la veo. Esta con sus hijos y su marido, paseando cogidos de
la mano por la playa. Es verano y han alquilado un apartamento en la costa
brava. Están bañándose y ven a lo lejos un pequeño barco metálico, una ruina
flotante, un viejo mercante varado. Ese mercante soy yo. Quiero avanzar pero el
ancla me lo impide. Estoy atrapado y pronto llegará de nuevo el invierno y las
mareas me escupirán hacia las rocas haciéndome añicos. Pero todo puede cambiar
si logro evadirme de este infierno asqueroso. Al principio pensé en gritar, en
hacer ruido de cualquier forma, pero no tengo voz. La he perdido y quizás jamás
regrese. Podría hacer ruido con el orinal pero no me apetece esparcir más el
olor.
Veamos: la habitación
tiene más o menos dos por dos metros y mide también lo mismo hasta el techo.
Parece casi un cubo solo que asquerosamente mugriento, sucio y lleno de
imperfecciones y rugosidades en sus paredes. Como ya no hay nadie puedo
intentar poner en marcha la estrategia. Mi idea es quedarme inmóvil durante una
hora y coger las máximas fuerzas posibles. He perdido masa muscular pero no
ósea y mi cabeza es quizás el conjunto de huesos más fuerte de mi cuerpo.
Lanzaré un terrible cabezazo hacia la pared
por donde me pasaban la comida. Con suerte, después de unos minutos semi-inconsciente
habré logrado abrir alguna grieta en ella, sobre todo si, como pienso, el
ladrillo no es superior a los quince centímetros. Quizás el cráneo se me abra y
pierda abundante sangre pero todavía recuerdo aquel golpe contra el muro de la
escuela, al poco tiempo de aprender a montar. Mi cabeza debe ser muy dura si es
que la solidez permanece indeleble en la osamenta humana. Podría estar
enloqueciendo pero mi muerte por inanición será espantosa. Pienso en algunas
imágenes de televisión o en aquella chica que murió de anorexia. Estaré loco,
pero he de intentarlo a cualquier precio. Me voy a sentar en el rincón opuesto
al de todos esos excrementos secos. He de tener fe, yo que siempre fui un
agnóstico militante. Fe en algo, siquiera en la ley de la gravedad y en la
dureza de los materiales. Estoy seguro de conseguirlo...lo lograré. Solo espero
que mis cálculos hayan sido correctos. Y después recuperaré mi vida...volveré a
vivir después de este abandono, después de que nadie pagara mi rescate y que
los secuestradores me dejaran morir de hambre. Dentro de unos minutos estaré
preparado para recibir el terrible impacto, el dolor, el mareo y quizás, más tarde, la libertad. Creo
firmemente que, a través ese asqueroso
boquete se vislumbra un lívido haz luminoso. Ahora o nunca, mi vida depende de
ello.Lo voy a hacer...ahora¡.

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