domingo, 13 de marzo de 2016

Mi querido tío Paco (in memoriam)

 

  Te fuiste como el rayo, sin avisar, sin dejarme oírte siquiera por teléfono una vez más. "Quiero minar la tierra hasta encontrarte, y besarte la noble calavera, y desamordazarte y regresarte" (M.H.). Era consciente de que tu salud era delicada pero no imaginaba ni remotamente que todo este doloroso proceso fuera el final definitivo. Porque tu siempre amenazabas con irte y siempre te quedabas, a última hora. Tu falta última de movilidad podía ser debida , como me decías hace poco más de un mes, a una cuestión nerviosa, un pinzamiento de un jodido nervio, justo cuando yo pasaba por mis mayores dolores neuropáticos, en eso estábamos igualados pero separados, para tu desgracia, por más de 40 años de dolencias y pérdidas irreparables, la última la de tu querida Mari, a la que tanto añorabas. Quizás ahora estás con ella, eso me alivia, pero no me consuela. Has sido un luchador, no enumeraré tus visitas al hospital porque son infinitas. Bromeabas, bromeábamos con ello, y el gasto que para la sanidad habías supuesto (no salías a cuenta al erario público).


   Eras (eres y serás) mi tío más querido, mi tío Paco, con tu pelo blanquecino y duro, con el que más me reía, con tus sonrisas medianas, irónicas y dulces, socarronas siempre, trufadas de esas miradas sinceras de ojos claros, con tus anécdotas que ya habías contado mil veces y que yo seguía escuchando con el mismo interés que cuando era un niño. Hubiera querido que fueses mi Jaques Tatí particular, que me recogiera en bicicleta y me llevara al colegio, como el maestro del humor francés.
Pero vivíamos lejos, demasiado lejos, no en distancia pero si en encuentros. Nos veíamos poco, demasiado poco...

  Ya no estás aquí, aunque siento que sigues estando y no me acabo de hacer a la idea de que no podré volver a verte. Ya ves, tardábamos tanto en vernos y ahora ya no nos veremos más. Cuando escribo estas líneas ya hace unos días que te vi por última vez detrás de un cristal. Ha sido triste y descorazonador y todo ello me hace sentir una rabia infinita. Pero se que lo que más nos consuela como seres humanos es recordar los buenos momentos. Veo tu imagen viva de gentelman gracioso, con tu reloj de bolsillo o tu bastoncito para rascarte la espalda. Recuerdo muy precisas todas esas conversaciones generalmente después de la comida,a los postres, esas sobremesas repletas de mil anécdotas,  de conversaciones sesudas sobre cine clásico, sobre Lang o Wilder, sobre tu videoteca VHS, pasión que me transmitiste como tantas otras cosas, sobre política y fútbol, sobre todo fútbol. Pero hay mucho más: tu eras el fotógrafo de la familia, mis escasas fotos de pequeño las atrapaste tu con tu antigua cámara de carrete, fotos robadas, de escasa calidad, pero fotos al fin y al cabo. En la playa del postiguet o con cara de cabreo por cualquier cosa. Eras un atrevido, años más tarde, con aquella inmensa cámara de video VHS que compraste para grabar los mejores momentos de bodas y demás eventos familiares. Has sido la memoria gráfica de toda la familia.

   Es posible que aprendiera a nadar junto a ti. Todavía recuerdo en San Juan tus brazos sosteniendo mi cuerpo tratando de mantenerme a flote. Esas comidas en plena playa, tortilla incluída y sol y descanso...tus siestas, siempre de rigor, pasase lo que pasase. Esos veranos de sombrilla y sin coche, porque sacaste el carnet tarde, nunca te agradó el volante, y venías con toda la familia en autobús a Alicante a comer a tu casa, la casa en la que tantos años viviste, la casa de la yaya paquita, nuestro piso. Después con ese Renault tuyo que acabó abandonado, nunca cambiaste de coche, y ni falta que hizo. Ese con el que tuviste aquel accidente en Elche en el que se te mencionó en Radio Nacional (con nombres y apellidos, todavía no existía la "ley del honor" postgolpe 23-F) y que casi le cuesta un infarto a tu madre, mi abuela paquita, que escuchaba el noticiario, un susto sin importancia.

  Siempre recordaré tus vivencias, mil veces relatadas, y mil veces escuchadas con agrado, los sucesos de aquel Alicante de la postguerra, aquella ciudad canalla, tu desfile de mini falangista camisita azul, había que aparentar, ya se sabe. Lo de tu cartilla de racionamiento doble, aprovechando una triquiñuela paterna, más tabaco para la casa y aquellos pitillos que seguramente le sisarías con el tiempo al abuelo Enrique. Las historias de tus tíos sevillanos o del catedrático de la Escuela de Comercio. 

  El hambre, que se pasaba más en las ciudades, y el tifus, que cogiste de niño y casi te lleva por delante, como a tantos en aquella época miserable, salvado milagrosamente en casa de un amigo familiar en Catral, jamón mediante. O aquellas anécdotas de los chavales del barrio (como una apuesta a ver quién aguantaba más mirando al sol) y tu educación en academias para sacarte el bachillerato, aquel bachillerato tan duro y el examen de estado. 

 Las chinches, que tan doloroso recuerdo dejaban, los refugios en la guerra (aunque eras muy pequeño para concretar) o tu macabro humor, años más tarde, trayéndote a casa huesos humanos de la facultad de medicina que dejabas bajo la cama para horror y espanto de tu madre.

  Tu pasión por la historia, por el coleccionismo de sellos y otros objetos, como los llaveros, tu meticulosidad con esas colecciones interminables de revistas de historia (desde el número 1, año 75) sin faltar nunca al quiosco, me la transmitiste en parte tu. Me hubiera gustado que siguiéramos eternamente hablando del nuevo número o de aquel reportaje que te pareció escaso. Ahora todo son recuerdos,recuerdos inolvidables. 

  Aquellas conversaciones sobre fútbol, otra de tus pasiones. Azulgrana hasta la médula, es posible que aquella pasión me alegrase los días de juventud aunque el Barça entonces no era lo que ha llegado a ser. Después el Hércules y aquellos legendarios partidos a los que asistimos con los primos en plenos años 80: aquel partido contra el Madrid de la "Quinta" y los Ultra Sur liándola y haciéndonos salir antes de terminar o uno contra el Barça de Schuster en el que casi nos apalean por la calle por llevar banderas blaugranas. Más tarde, hace poco, me confesarías que eras más del Alicante y sobre todo del Elche, que era más equipo y más todo.  Pero al menos tu barsa te ha dado infinitas alegrías en los últimos años. Eso que te llevas.


  Naciste en plena república en una Málaga turbulenta y viniste a Alicante pronto, sin acento andaluz como tu hermano, falleciste en Elda 81 años después, en una España otra vez convulsa, pronta hacia nuevos escenarios de cambio que quizás para tu suerte, ya no verás. Eras antifranquista y siempre nos transmitías tus ideas, con las que no siempre estuve de acuerdo, siempre escorado hacia los de abajo, siempre echando pestes de los de arriba, de tus jefes de la empresa, de sus fraudes a la hacienda. Al final acabé por converger en muchas de tus reflexiones.  Recuerdo que encontraste una vez un sobre con mucho dinero por la calle y lo devolviste a su legítimo dueño, un humilde trabajador. Y es que eras una persona decente e íntegra, hasta en esos pequeños detalles, al menos así yo te recuerdo.
   

 Pudiste viajar aunque como bien decías la jubilación debía de darse en la juventud, cuando uno está fuerte y sano y después, de adulto y mayor trabajar.... Aunque tu cojiste todos los viajes del Imserso que pudiste hasta que llegó la enfermedad de la tía. Porque has viajado, eso que te llevas por delante, aunque seguro que fue el de París el viaje que más te llenó el corazón....esas fotos con Mari, el Sacre Coeur, la Torre Eiffel...tanto que repetisteis...viajes para ti inolvidables....bien merecidos te los tenías, os los teníais.

   A rebufo de una memoria prodigiosa, la de tu hermano mayor, mi padre, tuviste siempre un carácter más cercano y protector, más sociable y templado, más cálido que me acogía como a un padre y amigo. Quizás por eso te admiraba todavía más, sin olvidar tu inmensa sabiduría de años de lecturas de todo tipo, incluídas las taurinas. Todo eso sigue en mi memoria y me acompañará hasta el final de mis días, recuerdos indelebles, claros como el agua pura de un arroyo, como tu imagen, no última, de mortuorio, sino la auténtica, la bondadosa, la simpática, con tu nariz recortada por el tumor en la piel, esa imagen de enfermo perpetuo pero sano al fin y al cabo. Te has ido para no volver, tío, mi tío, tío Paco, D. Francisco Pueyo Quirant, como tenías sellado en los libros de tu biblioteca. Te sigo echando de menos, aunque solo hace diez días que te fuiste. Pero por mucho que el tiempo pase, jamás te olvidaré. Ahora eres solo ceniza, arena, polvo, como todos, como el resto....en la inmensidad del universo.



 

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