ESCRITOR
Tras una noche meditando con la almohada, que se tornó musa incorpórea, llegó la aurora y con ella su decisión de dejar de escribir. Con sus años, estaba decidido a llegar a la más lejana ancianidad por el único capricho de leer sus textos. Nunca los publicaría nadie, desaparecerían entre el gigantesco magma de la creatividad humana y solo tendrían un lector efímero, su propio autor, él.
Él era sólo un científico lunático, brillante pero loco. En sus
acaloradas conferencias iluminaba demasiado a la concurrencia, tanto que
esta acabó quemada. Tras muchos años de auto-exilio acabó en el
psiquiátrico, dónde solo lo visitaba ella.
ELLA
Tras una noche meditando con la almohada, que se tornó musa incorpórea, llegó la aurora y con ella su decisión de dejar de escribir. Con sus años, estaba decidido a llegar a la más lejana ancianidad por el único capricho de leer sus textos. Nunca los publicaría nadie, desaparecerían entre el gigantesco magma de la creatividad humana y solo tendrían un lector efímero, su propio autor, él.
EL
ELLA
Ella era un mundo, inteligente, bella y sagaz, un universo que mostraba a diario un pequeño y refulgente meteoro de felicidad. Después de su caída, muchos afirmaron haberla visto deslucida, oscura y taciturna: la verdad.
VERDAD
Todo era verdad, por mucho que se empeñaran los periodistas en que fuese mentira, a pesar de su vanidad de nostalgia.
NOSTALGIA
No quería vivir porque recordaba demasiado su compañía. Se alimentaba de sus palabras, de su sapiencia, de su dulzura. Después de su partida la siguió añorando en la lejanía recordando su despedida tras un leve abrazo ciñiendo su cara contra su cuello dándole un beso.
BESO
Su boca áspera manaba un desierto, una aridez. Sus glándulas salivales, por una extraña enfermedad, habían dejado de funcionar. No podía tragar, no podía hablar, no podía besar. Toda su vida la hubiese entregado en hecatombe por no tener sed.
SED
De tanto esperar esperando que esperaran dejó de sentir sed de vivir, de innovar, de no comulgar con ruedas de molino. Entonces su sed de venganza también desapareció, como se esfumó también su último aliento de vida.
VIDA
En clase trataba de inculcar sagaces enseñanzas. En definitiva de lo que se trataba era de aprender a desaprender. Tan ardua tarea abría sus días y cerraba sus noches en blanco. No era fácil convencer a tantas personas de que tenían que empezar a conocer, a tener idea de las cosas. Habían sido muchos años de negación de cualquier noción de libertad y de vida improbable.
IMPROBABLE
Siempre tuvo la sensación de que era imposible. Tan inalcanzable resultaba que acabó por serlo. Esa búsqueda, esa lucha por un amor aparecido sin buscarlo, que había anidado en él durante unos meses, se tornó en idolatría y finalmente en obsesión. Pero indeleblemente siempre estuvo presente la idea de que era improbable que ella pudiese sentir lo mismo que él. Tan improbable que, después del período de luto por su muerte amorosa, todo se volvió probable y posible, predecible.
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