Pequeño hilo de luz que percibes por tus dulces ojos oscuros, ojeras negras de tanto llorar por un futuro incierto que te lleva irremediablemente al final de tus días de luz y tu acceso al mundo de las tinieblas. Pero siempre serás aquella que nos dió la vida, la única que nos dió su cariño. Muy triste para mi era verte darte golpes en las piernas, llenar de moratones tu delicado cuerpo. Pero siempre salías adelante, tu sola, sin ayudas, hacías la compra, hacías la casa, luchabas por tus hijos y les dabas todo el amor que necesitabamos y que no podíamos percibir de quién si veía.
Jamás una reprimenda, siempre libertad, la que tu no gozaste por vivir bajo la tiránica esclavitud de tu padre, energúmeno radical que solo pensaba en su ego y en su barriga mientras tu trabajabas la simiente de los campos de castilla. Has sido y serás la persona con más luz que he conocido, una luz que apenas ya percibes, que no logras alcanzar desesperada por las tardes. Pero tu no te rindes, tu haces la comida y sales a la calle sola, jugándote la vida por los tuyos, cruzando peligrosas calles en la casi total oscuridad.
Es una pena que tu vida se acabe, que la luz se apague, auque sigas viva. Me duele en el alma verte sufrir, verte discutir con ese hombre brillante que te acompaña pero que no lo da todo. Pero siempre me tendrás ahí, dulce mujer, sabia mujer de pueblo sin educación, con mentalidad arcaica pero con un amor que traspasará siempre las fronteras de tu delicada retina. Una retina que se cierra, un nervio óptico que periclita en tu lucha constante por sobrevivir.
A ti, a quien tanto querré, aunque ya no estés aquí, para vernos, para ver a tus hijos y familiares....seguirás entre nosotros, te cuidaremos y te amaremos como tu te lo has merecido, a pesar de tu carácter irascible y tu dureza de corazón. Eres mi madre y siempre te echaré de menos, simpre pensaré que cómo hubiera sido mi vida si tu hubieses podido ver bien. Yo no sería el mismo ni nadie de la familia lo sería: tu has cambiado y nos has cambiado para mejor, al menos en mi caso. Me siento orgulloso de ir contigo de la mano, cogiéndote el brazo y ayudándote a cruzar la calle. Se que antes, en mi inmadurez, llegué a sentir vergüenza. Eso me martirizó durante años, pero ahora se que eres lo más grande que hemos tenido en esta familia. Eres y serás mi querida mamá, aunque no te llamara así nunca. Te quiero y siempre me tendrás a tu lado.

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